Fidel
Vela ha escrito un nuevo libro en el que las conversaciones surgen espontáneas
(por eso lo ha titulado Conversaciones en
la ciudad de Alcalá de Henares que es la ciudad en la que vive desde hace
años su merecida jubilación) puesto que el camino ayuda a ello y, la tarde
soleada, acompaña al grupo de amigos que dialogan amistosamente y que, a través
del diálogo pretenden encontrar “su” luz, la luz que, al tiempo, es la de todos
los demás, los que solemos leer a primeras horas de la mañana la prensa recién
escrita.
Con
estas palabras podría haber nacido el comienzo de este pórtico que, como todos
los demás, no pretende ser otra cosa que una forma de entrada al edificio del
libro que, tú, desconocido lector, tal vez amable y comprensivo —si quieres—
tienes delante de ti, a la espera de su lectura.
Te
supongo un lector enterado de casi todo lo que viene acaeciendo diariamente en
esta partícula que llamamos Tierra, aunque, en muchas ocasiones, acaso
demasiadas, no sea más que una “bola” en la que pretendemos sobrevivir, junto a
los otros —los demás, esos que están a nuestro lado, pero lejos—, a los
múltiples y diversos hechos que, queramos o no, acaecen a pesar de o gracias a
nosotros mismos.
Un
grupo de amigos se junta en una ciudad —Alcalá de Henares, en este caso— para pasear tranquilamente e intercambiar
argumentos polifacéticos con los que tratar de autoconvencerse de que su paso
por la mencionada “bola” tiene cierta importancia, aunque en realidad, quizá no
la tenga y no sea para tanto, puesto que el Hombre (así, con mayúsculas), es
capaz, según dicen, de las mayores aberraciones, pero también de las mayores
grandezas…
Y
me viene a la memoria uno de los más bellos poemas pindáricos: “Bendito el que
con celeridad de pie y fortaleza de espíritu consigue con su esfuerzo las más
altas cumbres”.
Los
dialogantes, peripatéticos donde los haya a pesar del mal cardiaco de uno de
ellos, me recuerdan aquellos programas de cuando la televisión era en blanco y
negro que, según creo recordar, llevaban un título genérico que aludía nada
menos que a Séneca, el maestro de Nerón.
En
aquellos programas, breves pero serios, se hablaba de todo lo divino y humano
que el franquismo permitía. Aquí, por comparación, sólo por comparación,
repito, me he encontrado con un grupo de personas que hablan entre sí de todo,
especialmente de lo que la prensa, la radio, la televisión y los demás medios
quieren que se sepa, porque cuando se dice alguna cosa acerca de algo, se
oculta mucho de ese algo o de otros laterales o coyunturales.
Tres
amigos jubilados que “gastan” su tiempo, afortunadamente, dando cuenta de sus
distintas formas de pensar, de sus pareceres. Esto es lo que los griegos
consideraban algo fundamental para la cultura y para el desarrollo de su
sociedad, de la de entonces, adaptada a las coordenadas espacio-temporales
entonces reinantes.
Es
un tema que aparece con frecuencia en el libro que comento, porque la historia,
los hechos, el pasado, no debe juzgarse con ojos actuales, por eso, los
conversadores, dialogantes, discutidores o como queramos denominarlos, van
aportando sus granitos de arena al desarrollo de la historia que no llegaron a
vivir, pero también de la que les ha tocado vivir, desde distintos puntos de
vista; unos, basados en textos antiguos, más o menos cercanos en el tiempo, y
otros, vividos personalmente e in situ.
En
el libro se habla de todo, o casi de todo: profundamente se entra en el mundo
de la religiosidad y de las religiones que, en consecuencia, poco o casi nada
tiene que ver con “dios”, con el dios concepto del intelectual que no existe
porque para que exista se necesitaría otro dios superior a él y, por lo tanto
dejaría de serlo.
Quizá
algún lector pudiera dejar a un lado el presente libro, pensando que está
repleto de barbaridades ateas o carentes de sentido. Nada más lejos. Hay que
pensar, además que estos discursos, representan años de trabajo y fueron
recogidos poco a poco, sin orden ni concierto, a-cronológicamente, y que no son
muestras de ciertas ligerezas: extra-filosóficas y extra-culturales, que tanto
parecen brillar en la actualidad en los foros multitudinarios. Hoy,
precisamente, que la cultura no sirve para mucho y se la ha convertido en un
mero espectáculo de masas.
Hay,
me gustaría mucho que lo comprobase el lector por sí mismo, un aspecto a
destacar. Las historias que se narran, que se sacan a relucir, son generalmente
pasadas, pero siempre hay un hoy, un hecho manifiesto, público, con el que se
pueden comparar con otras de la actualidad, lo que viene a decirnos que la
evolución no ha sido demasiada, a pesar de que, en muchas ocasiones, los
contertulios convengan en que, tal o cual cosa, por mala que haya sido, con el
paso del tiempo se ha magnificado y dignificado, por ejemplo la religión católica
o la democracia, a pesar de sus graves faltas.
Eso
lleva al trío “de filósofos” (pues que de ello se trata), a considerar los
aspectos más variados de la vida: el mundo musulmán, la esclavitud, el
feminismo, la ciencia y la fe… y, ¡claro está! siempre hay una contraposición y
una comparación entre la leyenda “rosa”, de los “progres” y la leyenda “negra”,
tradicional y del pasado, que la mayor parte de las veces nada tuvo que ver con
la Historia de España y de los españoles, como así se demuestra en multitud de
ocasiones con datos suficientes y fehacientes; así, el no-racismo de los
españoles, o la consideración de que la expulsión de los judíos no se debió a
los Reyes Católicos, sino a la obligación de éstos de acatar las órdenes del
papado, puesto que se trataba de reyes que acataban la religión de Roma, algo
que, debidamente actualizado, se podría comparar con algunas de las propuestas
lanzadas por la canciller alemana Angela Merkel hacia los países que
actualmente componen la Unión Europea, si es que desean seguir perteneciendo a
este grupo.
Por
eso y por todo lo anterior, tengo que decir que este libro, Conversaciones en la ciudad de Alcalá de
Henares, me gusta y me atrevo a recomendarte su lectura, porque en él cada
cual aporta su punto de vista y lo discute sin llegar nunca al grito estridente
y maleducado de los participantes en los debates televisivos.
Temas
modernos, universales y cotidianos que el hombre de la calle va sacando a
colación cuando llega el momento oportuno, o cuando se lo permite la “moda”
(que ya dejó de ser “la máxima frecuencia de un suceso aleatorio”, porque
precisamente dejó de ser aleatorio), o cuando los medios de comunicación de
masas, los mass media, quieran que
aparezca públicamente, para así evitar otros más complicados y comprometidos.
José Ramón
López de los Mozos
Guadalajara, 9 de abril de 2015