miércoles, 11 de marzo de 2009

LAS LEYES DEL ÉXITO

Las leyes del éxito, de Fidel Vela. José Esteban, editor. Madrid, 1986. 86 páginas. (Pedidos al autor, a través de este blog en «comentarios», que se enviarán gratuitamente hasta agotar restos de edición).

Excelente novela, donde el autor sabe integrar estupendamente el contenido social en la forma desmitificadora. PABLO GIL CASADO, crítico literario.

Descarnada y penetrante novela. Sencillamente me ha impresionado.. La veo un poco en la línea de las Notas, de Dostoyeski. No hablo de imitación; digo que pertenece a su estirpe, lo que es muy distinto. Por su introspección, que es demoledora. ANTONIO BUERO VALLEJO.

Este es el último trabajo de un escritor soriano, que desde 1971 reside en nuestra ciudad. Compagina sus actividades literarias con la profesión de banquero, que ejerce desde 1953, además de ser concejal del Ayuntamiento, desde 1979. Ha escrito otras novelas como La Consulta, La Oficina, El Ruta, Los acorralados, un libro de viajes, además de artículos y narraciones.
Julián Berrenechea Moreno es un hombre de cuarenta y dos años, de profesión «responsable de la oficina administrativa de una gran fábrica de electrodomésticos». Incapaz de solucionar por sí mismo sus problemas personales, acude a una organización que imparte por correspondencia un curso llamado «Las leyes del éxito». El curso tiene una finalidad terapéutica y sigue una metodología consistente en formular una serie de preguntas, a las que el paciente debe contestar con absoluta sinceridad. Fidel Vela nos pasea frente a una vida alienada, agobiada por la frustración y la soledad. cuya inautenticidad percibe dolorosamente su débil protagonista. «Por eso —explica—, mi mayor sufrimiento consiste en descubrir de sopetón que no soy nada, mal dicho, radica en creerme un simple masa-media, un vegetativo, una oveja más del rebaño de los parásitos y los conducidos, viviendo una existencia prefabricada, igual a millones de personas; mientras que unos pocos, acaso sin más méritos que yo, son famosos, aplaudidos, se les ve en la televisión, en los periódicos, en los teatros y en las exposiciones». Y frente a este personaje, que tiene mucho que decir y no puede decir nada, Fidel Vela nos hace entrever con lucidez una sociedad competitiva, opresiva, que como una gran máquina no permite a la persona ser más que una pequeña pieza que tiene que girar al compás del más fuerte, sin poder jamás mostrar toda la humanidad que lleva dentro.¿Y qué mejor exponente de esta sociedad que esa organización con fines pretendidamente terapéuticos, pero en el fondo tan solo lucrativos, que con sus preguntas rutinarias e impersonales, sus respuestas halagadoras pero frías y absolutamente descomprometidas y sus consejos vanos, sólo conseguirá sumir al protagonista en una total desesperanza? «No se me oculta —dice—, que lo suyo es una sociedad mercantil creada, como todas, para ganar dinero, aderezada malamente con algunos elementos psicológicos del montón, pero aun así, les guardo el sincero agradecimiento del pobre hombre ignorado y desoído en todas partes». El final de la novela es particularmente ilustrativo, así como desgarrador. Julián Barrenechea se ha suicidado y su mujer escribe una carta a los «Señores de las leyes del éxito», en la que demuestra ser un elemento típico de esa sociedad materialista y falta de comprensión para los sentimientos profundos.
Publicado en NUEVA TRIBUNA, 24/31 de marzo de 1987. Por Ignacio Rahm.

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