Aquí hemos confundido la profundización de la democracia y el progreso con la descentralización desmadrada y el vaciado del Estado en beneficio de otros estaditos, que de ningún modo garantizan el bienestar social, la pluralidad y las libertades porque su pasión identitaria les lleva a ejercer la opresión sobre la ciudadanía a fin de lograr la uniformidad deseada. Hemos confundido descentralizar con centrifugar. La política de los nacionalistas no es otra que debilitar al Estado hasta conseguir su completa extinción. Si se conceden más competencias y más y más privilegios y poderes a Cataluña y el País Vasco, habrá que hacer lo mismo con el resto de autonomías. ¿Quién se ha de conformar con menos? Esto es lo que persiguen los nacionalistas, arrastrar a los demás para el desguace del Estado.
Desde que Rodríguez Zapatero dio el pistoletazo de salida a toda esa larga monserga de reforma de estatutos, descentralización, diversidad, hecho diferencial, etc. España entera se ha lanzado en tromba a una frenética y alocada carrera en busca de nuevas señas de identidad, de derechos históricos y reivindicaciones sin fin. Y si no se encuentran, se inventan. Existen empresas dedicadas a elaborar informes y proyectos de señas de identidad a la carta. Se desempolvan y escudriñan legajos, se excava en los cerros y bajo las piedras con la mirada codiciosa en el pasado más remoto. Se despilfarran inmensos recursos humanos y económicos para extender el idioma particular bajo el eufemismo de normalización lingüística, que esconde un deseo inconfesable de expulsar el idioma común. El sistema educativo es diferente en cada comunidad autónoma. Lo importante es remarcar la diferencia. En Galicia se invoca nada menos que a los suevos para legitimar las aspiraciones actuales de anexionarse territorios pertenecientes a León y Asturias. Los de León proponen la separación de Castilla junto a Salamanca, Zamora y Valladolid, para lo cual se remontan a Diego Ansúrez, fundador de Valladolid en la Edad Media. En Asturias quieren tener lengua propia (al parecer, la que hablan es prestada) y destinan cuantiosos recursos para revitalizar el bable. El País Vaco quiere Navarra a toda costa y la independencia, basándose en leyendas fantásticas de un pasado ignoto. Derechos históricos, dicen los nacionalistas. Cataluña, que se autoproclama nación, no renuncia a los Paísos catalanes, según la configuración que tenían en la baja Edad Media. Andalucía se declara Realidad Nacional, se queda con el Guadalquivir, coquetea con el mundo árabe y da carta de naturaleza a la pronunciación defectuosa del castellano. También ansían una lengua propia... Para qué seguir. Todas las autonomías quieren ser diferentes, acentuar la diferencia, que se note, para justificar su progresiva emancipación del todo. «Si se es distinto, resulta difícil convivir con los otros, que tienen otras costumbres y otras lenguas». ¿Dónde queda la tolerancia? Porque separarse, aislarse dentro de sus fronteras para vivir exclusivamente con los tuyos, con tus afines, ¿no se llama eso intolerancia y xenofobia?
Por todo ello, si alguien cree que la voracidad de los nacionalistas se aplaca entregándoles de vez en cuando algún trozo de la vaca, va de culo, el angelico. Quieren la vaca entera. Y lo conseguirán si se continúa impulsando y exaltando, desde los poderes centrales, la diversidad cultural y el hecho diferencial como panacea de todos los males. El pluriculturalismo como tendencia, afirma Sartori, no es una medicina, es la enfermedad; una manera más de empeorar las cosas. Debe respetarse, nunca fomentarlo.
La cultura, si lo es de verdad, sólo puede ser universal
Se airea también, erróneamente, que el Estado de las Autonomías ha traído a España la mayor prosperidad conocida. Al contrario, hemos prosperado a pesar de las autonomías. La prosperidad ha llegado, sin lugar a dudas, por nuestra pertenencia a la Unión Europea, que constituye un movimiento opuesto a la fragmentación, la suma contra la división.— FIDEL VELA.
Desde que Rodríguez Zapatero dio el pistoletazo de salida a toda esa larga monserga de reforma de estatutos, descentralización, diversidad, hecho diferencial, etc. España entera se ha lanzado en tromba a una frenética y alocada carrera en busca de nuevas señas de identidad, de derechos históricos y reivindicaciones sin fin. Y si no se encuentran, se inventan. Existen empresas dedicadas a elaborar informes y proyectos de señas de identidad a la carta. Se desempolvan y escudriñan legajos, se excava en los cerros y bajo las piedras con la mirada codiciosa en el pasado más remoto. Se despilfarran inmensos recursos humanos y económicos para extender el idioma particular bajo el eufemismo de normalización lingüística, que esconde un deseo inconfesable de expulsar el idioma común. El sistema educativo es diferente en cada comunidad autónoma. Lo importante es remarcar la diferencia. En Galicia se invoca nada menos que a los suevos para legitimar las aspiraciones actuales de anexionarse territorios pertenecientes a León y Asturias. Los de León proponen la separación de Castilla junto a Salamanca, Zamora y Valladolid, para lo cual se remontan a Diego Ansúrez, fundador de Valladolid en la Edad Media. En Asturias quieren tener lengua propia (al parecer, la que hablan es prestada) y destinan cuantiosos recursos para revitalizar el bable. El País Vaco quiere Navarra a toda costa y la independencia, basándose en leyendas fantásticas de un pasado ignoto. Derechos históricos, dicen los nacionalistas. Cataluña, que se autoproclama nación, no renuncia a los Paísos catalanes, según la configuración que tenían en la baja Edad Media. Andalucía se declara Realidad Nacional, se queda con el Guadalquivir, coquetea con el mundo árabe y da carta de naturaleza a la pronunciación defectuosa del castellano. También ansían una lengua propia... Para qué seguir. Todas las autonomías quieren ser diferentes, acentuar la diferencia, que se note, para justificar su progresiva emancipación del todo. «Si se es distinto, resulta difícil convivir con los otros, que tienen otras costumbres y otras lenguas». ¿Dónde queda la tolerancia? Porque separarse, aislarse dentro de sus fronteras para vivir exclusivamente con los tuyos, con tus afines, ¿no se llama eso intolerancia y xenofobia?
Por todo ello, si alguien cree que la voracidad de los nacionalistas se aplaca entregándoles de vez en cuando algún trozo de la vaca, va de culo, el angelico. Quieren la vaca entera. Y lo conseguirán si se continúa impulsando y exaltando, desde los poderes centrales, la diversidad cultural y el hecho diferencial como panacea de todos los males. El pluriculturalismo como tendencia, afirma Sartori, no es una medicina, es la enfermedad; una manera más de empeorar las cosas. Debe respetarse, nunca fomentarlo.
La cultura, si lo es de verdad, sólo puede ser universal
Se airea también, erróneamente, que el Estado de las Autonomías ha traído a España la mayor prosperidad conocida. Al contrario, hemos prosperado a pesar de las autonomías. La prosperidad ha llegado, sin lugar a dudas, por nuestra pertenencia a la Unión Europea, que constituye un movimiento opuesto a la fragmentación, la suma contra la división.— FIDEL VELA.