domingo, 7 de diciembre de 2008

DESMADRE NACIONAL

Aquí hemos confundido la profundización de la democracia y el progreso con la descentralización desmadrada y el vaciado del Estado en beneficio de otros estaditos, que de ningún modo garantizan el bienestar social, la pluralidad y las libertades porque su pasión identitaria les lleva a ejercer la opresión sobre la ciudadanía a fin de lograr la uniformidad deseada. Hemos confundido descentralizar con centrifugar. La política de los nacionalistas no es otra que debilitar al Estado hasta conseguir su completa extinción. Si se conceden más competencias y más y más privilegios y poderes a Cataluña y el País Vasco, habrá que hacer lo mismo con el resto de autonomías. ¿Quién se ha de conformar con menos? Esto es lo que persiguen los nacionalistas, arrastrar a los demás para el desguace del Estado.
Desde que Rodríguez Zapatero dio el pistoletazo de salida a toda esa larga monserga de reforma de estatutos, descentralización, diversidad, hecho diferencial, etc. España entera se ha lanzado en tromba a una frenética y alocada carrera en busca de nuevas señas de identidad, de derechos históricos y reivindicaciones sin fin. Y si no se encuentran, se inventan. Existen empresas dedicadas a elaborar informes y proyectos de señas de identidad a la carta. Se desempolvan y escudriñan legajos, se excava en los cerros y bajo las piedras con la mirada codiciosa en el pasado más remoto. Se despilfarran inmensos recursos humanos y económicos para extender el idioma particular bajo el eufemismo de normalización lingüística, que esconde un deseo inconfesable de expulsar el idioma común. El sistema educativo es diferente en cada comunidad autónoma. Lo importante es remarcar la diferencia. En Galicia se invoca nada menos que a los suevos para legitimar las aspiraciones actuales de anexionarse territorios pertenecientes a León y Asturias. Los de León proponen la separación de Castilla junto a Salamanca, Zamora y Valladolid, para lo cual se remontan a Diego Ansúrez, fundador de Valladolid en la Edad Media. En Asturias quieren tener lengua propia (al parecer, la que hablan es prestada) y destinan cuantiosos recursos para revitalizar el bable. El País Vaco quiere Navarra a toda costa y la independencia, basándose en leyendas fantásticas de un pasado ignoto. Derechos históricos, dicen los nacionalistas. Cataluña, que se autoproclama nación, no renuncia a los Paísos catalanes, según la configuración que tenían en la baja Edad Media. Andalucía se declara Realidad Nacional, se queda con el Guadalquivir, coquetea con el mundo árabe y da carta de naturaleza a la pronunciación defectuosa del castellano. También ansían una lengua propia... Para qué seguir. Todas las autonomías quieren ser diferentes, acentuar la diferencia, que se note, para justificar su progresiva emancipación del todo. «Si se es distinto, resulta difícil convivir con los otros, que tienen otras costumbres y otras lenguas». ¿Dónde queda la tolerancia? Porque separarse, aislarse dentro de sus fronteras para vivir exclusivamente con los tuyos, con tus afines, ¿no se llama eso intolerancia y xenofobia?
Por todo ello, si alguien cree que la voracidad de los nacionalistas se aplaca entregándoles de vez en cuando algún trozo de la vaca, va de culo, el angelico. Quieren la vaca entera. Y lo conseguirán si se continúa impulsando y exaltando, desde los poderes centrales, la diversidad cultural y el hecho diferencial como panacea de todos los males. El pluriculturalismo como tendencia, afirma Sartori, no es una medicina, es la enfermedad; una manera más de empeorar las cosas. Debe respetarse, nunca fomentarlo.
La cultura, si lo es de verdad, sólo puede ser universal
Se airea también, erróneamente, que el Estado de las Autonomías ha traído a España la mayor prosperidad conocida. Al contrario, hemos prosperado a pesar de las autonomías. La prosperidad ha llegado, sin lugar a dudas, por nuestra pertenencia a la Unión Europea, que constituye un movimiento opuesto a la fragmentación, la suma contra la división.— FIDEL VELA.

EXTREMEÑO

Cada vez que un extremeño acciona la espita de Gas Natural, la mayor parte de los beneficios empresariales de esta simple operación vuelan a Cataluña y los impuestos más sustanciosos se contabilizan como generados en Cataluña. Lo mismo sucede si compra productos de empresas tales como Roca, La seda de Barcelona, Caprabo, Nestlé, Danone, Seat, Nissan, la Caixa, Font Vella o caldos Avecrem-Gallina Blanca. Y así, con infinidad de productos, entre los que destacan medicamentos, vinos espumosos, bienes de equipo y alimentos elaborados. Por eso pusieron tanto empeño nacionalistas y aledaños en hacerse con el control de la empresa eléctrica Endesa en la anterior legislatura para erradicarla en Cataluña El extremeño contribuye a engrosar la balanza fiscal de Cataluña, que más tarde los nacionalistas y sus aliados presentan como la prueba de un expolio y tildan al extremeño de sujeto subvencionado, es decir, que sobrevive a costa del trabajo de otros. Son la voz y el discurso del imperialismo clásico, que se sirve del colonizado para incrementar sus negocios al tiempo que, a mayor escarnio, le acusa de vago y subvencionado. Es la interrrelación universalmente conocida entre metrópoli y colonia, entre país rico y país subdesarrollado. Para esta ocasión nada más oportuno que recordar los argumentos del ínclito actor, que han hecho suyos algunos políticos catalanes: «Si no fuera por Cataluña, los extremeños serían un hatajo de muertos de hambre». «Rodríguez Ibarra es un desagradecido, que muerde la mano que le da de comer».
Justo es reconocer que esta circunstancia se da con las empresas radicadas en otras comunidades autónomas, pero sus dirigentes no insultan a los extremeños, ni amenazan ni chantajean con desafecciones y medidas extraconstitucionales al Estado. Aceptan las normas de las democracias modernas, donde quien más renta percibe, más impuestos debe pagar, sin que ello suponga la obtención de mayores beneficios. Después, estos impuestos serán distribuidos por el Estado en razón de las necesidades de cada cual. Aunque hay excepciones, el País Vasco y Navarra, que recaudan la totalidad de los impuestos como consecuencia de una lamentable anomalía de tipo medieval. Así, los impuestos y beneficios generados por empresas tan importantes en toda España como Iberdrola, Petronor, BBVA, Eroski, Fagor y otras muchas, se transfieren de inmediato al País Vasco, salvo una mínima cantidad que devuelve al Estado, cuando la devuelve, para financiar los servicios generales.
Además, habrá que advertir, que cuando se instaura la democracia, Cataluña y el País Vasco, parten con una considerable ventaja con respecto al resto de España. A la muerte del dictador, hasta cuyo momento nada se movía sin su autorización, Vizcaya y Barcelona, encabezaban el ranking de las provincias más prósperas en todos los indicadores económicos. Lo que viene a demostrar que, al menos en la vertiente económica, durante la dictadura estos dos territorios fueron extraordinariamente beneficiados por el régimen, mientras que Extremadura, Andalucía, Galicia y otras regiones permanecieron en el más absoluto olvido.— FIDEL VELA