domingo, 10 de febrero de 2008

INMIGRACIÓN


Hace unos diez o doce años, quienes propugnaban que las fronteras quedaran abiertas de par en par a la inmigración, en la actualidad han hecho mutis por el foro, se les oye menos. Nos decían que Francia soportaba un cuatro por ciento de inmigrantes y no pasaba nada, pero ha pasado algo o bastante. «¡Hasta que en España lleguemos a esta cifra!». Pues bien, ya hemos llegado y la hemos sobrepasado con creces..
Lo ideal sería que en este país como en cualquier otro no entraran más inmigrantes que aquellos a quienes podamos ofrecer una vida digna. A mi entender, ésta debería ser la filosofía que inspire las leyes y el sentir de la sociedad. Porque admitir personas a quienes no se les puede procurar un simple puesto de trabajo o una modesta vivienda, es igual que importar indigentes condenados a pedir limosna en los pasillos del metro o en las puertas de las iglesias, en el mejor de los casos. Así no se combate el hambre y la miseria en el tercer mundo. Será necesario arbitrar otras medidas.
En este tema tan delicado sobra visceralidad y faltan argumentos serenos y razonados. No debe alarmarnos porque se proponga una regulación seria y justa, tanto para quienes llegan de fuera como también para quienes residimos aquí, no vaya a ser que por vestir a un santo desnudemos a otro. Un gobernante que se precie debe tener como objetivo prioritario procurar el bienestar de los ciudadanos que viven en el territorio sobre el que ejerce su mandato. Pero en este país, hablar de inmigración es como mentar la bicha. A las primeras de cambio te acusarán de racismo encubierto y xenofobia. Nadie sabe por qué extraños laberintos y vericuetos, pero el caso cierto es que se han establecido unos cuantos dogmas rígidos y herméticos, de los cuales resulta imposible disentir si no quieres salir malparado. Si te parecen incorrectas ciertas actuaciones del Estado hebreo, eres un antisemita; si criticas a una mujer, un machista; si insinúas algún reproche al PNV, antivasco e inmovilista; si pones de relieve las desmesuras de la Generalitat de Cataluña, te tildan de franquista y anticatalán, por lo menos; si te desagradan los excesos de la administración estadounidense, estás practicando un antiamericanismo primario; si apoyas un mínimo ordenamiento del fenómeno migratorio, eres un xenófobo y un racista consumado. ¡Como si la inmigración fuera una cuestión tabú que no puede ser regulada, lo mismo que lo están las múltiples actividades de la vida social, política y económica de la sociedad! Lo verdaderamente grave es cruzarse de brazos y no hacer nada.— FIDEL VELA.

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