sábado, 29 de diciembre de 2007

PRECIO POLÍTICO


Yo me maravillo cuando oigo repetir una y otra vez que no se debe pagar un precio político al terrorismo. A buenas horas, mangas verdes. Se viene pagando desde hace treinta años. Ni la propia Constitución de 1978 se libra de ello. A no ser por la existencia del terrorismo ni de coña se hubiera concedido el concierto económico de privilegio al País Vasco; tampoco se habrían redactado la disposición adicional primera ni la transitoria cuarta, que deja a Navarra en la perpetua incertidumbre, a merced de los políticos de turno. «Desde el punto de vista financiero, Euskadi es un país independiente». Esto no lo digo yo sino Ardanza, cuando fue presidente del País Vasco. Y llevaba toda la razón del mundo. La soberanía realmente efectiva es aquella que emana de la independencia económica. El País Vasco recauda en su territorio la totalidad de los impuestos, con la obligación teórica de entregar al Estado una cantidad —el cupo— para resarcirle de los gastos comunes, pero en la práctica esto se cumple raramente por diferencia de criterios. De tal manera que el País Vasco no sólo deja de contribuir al interés general sino que constantemente reclama nuevas transferencias y recursos al Estado, de inmediato concedidos, en la falsa creencia de lograr el fin del terrorismo por la vía de las cesiones. Pero ETA jamás abandonará las armas voluntariamente, según viene diciendo con acierto Joseba Arregui, ni aun cuando alcance sus reivindicaciones, que ya deben ser muy pocas, la verdad, porque el País Vasco goza de un autogobierno cercano al Estado libre disociado gracias a la presión terrorista. Gestiona las competencias de un estado soberano, tiene representación en la Unión Europea y el euskera es lengua oficial en Bruselas... Como no les den la Catedral de Sevilla o el Acueducto de Segovia, no se sabe en qué más se podrá ceder.
A pesar de esta situación privilegiada, el nacionalismo gobernante insiste en sus objetivos finales, coincidentes en buena parte con los sectores más violentos. Tampoco ayudan mucho a la pacificación las enseñanzas que se imparten en las escuelas vascas, donde se muestran colgados de las paredes unos estrafalarios mapas de Euskal Herria que incluyen Navarra y otros territorios usurpados por España al País Vasco; donde se explica una historia rocambolesca que fomenta el odio hacia todo lo español como, por ejemplo, que España declaró la guerra al País Vasco en 1936 para arrebatarle su independencia, situación que, según la versión oficial, se mantiene en la actualidad.
Mientras se inculque a los alumnos, desde la guardería hasta la Universidad, estas perniciosas y fantásticas ideas y los medios públicos vascos de difusión persistan en el adoctrinamiento nacionalista, por más etarras que detenga la policía de nada servirá. Siempre surgirán algunos, dispuestos a liberar su patria sojuzgada utilizando los medios necesarios, incluidas las bombas y las pistolas.—FIDEL VELA.

Difundido el 7/2/2007

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