viernes, 28 de diciembre de 2007

FINANCIACIÓN AUTONÓMICA


La financiación de las Comunidades Autónomas se ha decidido bajo los apremios y la presión de la coyuntura política; en ningún caso a partir de estudios y análisis ponderados, serenos debates y amplios consensos.
Cuando Felipe González, en su última legislatura, no alcanzó la mayoría absoluta, cedió el 15% de los impuestos estatales a Cataluña —luego extensivo al resto de autonomías—, para lograr el apoyo parlamentario de CIU.
En 1996, por las mismas causas se derivaron similares efectos, y José María Aznar elevó aquel porcentaje al 30%
Ahora, con Rodríguez Zapatero, se repite la historia, cediendo el 50% sobre el IVA y el IRPF, más el 58% en los impuestos especiales a fin de obtener la cobertura parlamentaria de los nacionalistas.
En resumen, estamos asistiendo a un simple trueque de competencias y dinero por votos o escaños, según se prefiera. Es decir, como en la época de Romanones.
De continuar aplicando el mismo criterio galopante y progresivo —mejor llamarlo trapicheo de urgencias— y observada la escasa probabilidad de mayorías absolutas, tanto por parte del PP como del PSOE, no sería aventurado pronosticar que, en muy pocos años, el Estado habrá cedido el 100% de sus recursos; en cuya situación el gobierno central se verá forzado a mendigar subvenciones económicas a las CCAA siquiera para hacer frente al sueldo de sus ministros, si los hay.
Para nuestra desventura, no damos pie con bola. Mientras en el resto del mundo la excesiva descentralización y las fórmulas federalizantes están en franco retroceso por su demostrada ineficacia social y sus nefastos resultados de convivencia, en este país, gracias a los delirios nacionalistas, caminamos, para no perder la costumbre, con medio siglo de retraso y en dirección contraria, como esos camicaces de la carretera.
Parodiando a Machado y si me permiten la licencia: «¿Todo para las autonomías? Zapatero, llena tu vaso. Ya te lo beberán».— FIDEL VELA.

Difundido el 1/2/2006

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