sábado, 29 de diciembre de 2007

DESFRAGMENTAR


Los ordenadores personales disponen de una función llamada desfragmentar, que consiste en unir y reorganizar los elementos dispersos que ralentizan y perturban el buen funcionamiento del resto de los programas. Una operación semejante debería emprenderse en España, tras el paso de Rodríguez Zapatero por el Gobierno central, si realmente queremos que no se produzca la fragmentación del Estado de forma irreversible. Evidentemente, ni el PSOE ni su actual líder, están por la labor, como han demostrado en la presente legislatura. Ahí queda, entre otros disparates, el Estatuto de Cataluña, que ha convertido a esta comunidad en un territorio cuasi confederal y ha consagrado una auténtica dictadura que la Generalitat aplica, con implacable contundencia, sobre la mayoría de los ciudadanos, al menos en materias tan principales como el idioma, la cultura y la educación, abusos xenófobos que los medios de difusión públicos y afines silencian de manera sistemática. Hoy como ayer, se hace preciso sintonizar Radio España Independiente-Estación Pirenaica o la BBC para enterarse de lo que pasa en España. El traspaso desenfrenado de competencias a las comunidades autónomas, que dejan al Estado en los puros huesos, generando graves conflictos y disfunciones en los servicios públicos. El Estado debilitado, fragmentado, va perdiendo progresivamente la posibilidad de cumplir con su función reguladora y no podrá contener las demandas cada vez más exigentes de la clase política de las comunidades autónomas, actores políticos que se están convirtiendo en verdaderos caciques en sus territorios, plantando cara incluso a las direcciones de sus propios partidos, que a su vez se cuartean y fragilizan. Pero esta política de fragmentación que ha impulsado el actual Gobierno, viene de más lejos, por lo que no debería sorprendernos tanto. Los ciudadanos deberían saber que en las Resoluciones del XIII Congreso (octubre de 1974), ignoro si todavía vigentes, se mantienen algunas tan ilustrativas como las siguientes: «Reconocimiento del derecho a la autodeterminación de todas las nacionalidades ibéricas. La definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado español, parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas que comporta la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español. El PSOE se pronuncia por la constitución de una República Federal de las Nacionalidades que integran el Estado español…». Estos párrafos han sido tomados del librito PSOE (Editorial Avance, 1976), firmado por Francisco Bustelo, Gregorio Peces Barba, Ciriaco de Vicente y Virgilio Zapatero. Como puede verse, la querencia disgregadora del PSOE que ahora padecemos, se diría consecuencia de sus viejos postalados redivivos, no tan lejanos en el tiempo, los cuales se intentarían imponer subrepticiamente a través de la reforma de los estatutos. De casta le viene al galgo ser rabilargo. Quienes acusan a este partido de romper España, vistos los antecedente, no andarían tan descaminados. Por todo ello, es de rigor advertir a los ciudadanos que todavía creen en este país llamado España, que si el PSOE se mantiene en el Gobierno tras las próximas elecciones generales, la querencia disgregadora se acentuará hasta límites insospechados, y nadie sabe adónde podrá llevarnos. Sobre el tema que nos ocupa hay un libro imprescindible, que va por la quinta edición, titulado El Estado fragmentado (Editorial Trotta), escrito por los catedráticos Francisco Sosa Wagner e Igor Sosa Mayor, con un magnífico prólogo de Joaquín Leguina que, por su extraordinario interés, desearía comentar. La primera mitad del libro está dedicada a la historia del Imperio Austro-Húngaro que algunos nacionalistas periféricos, influidos por el pensamiento reaccionario de Herrero de Miñón, escogen como modelo para aplicar en la España contemporánea, sin apercibirse de que aquel Imperio nada tiene que ver con nuestro país y que saltó por los aires en medio de guerras y otros desastres. La parte más sustanciosa, sin duda, para el lector, se halla contenida en los llamados Cuadernos segundo y tercero. Aquí se aborda con serenidad y sólidos argumentos, todos los riesgos y contradicciones generados en España al iniciarse la masiva reforma de los Estatutos de Autonomía, auspiciada con irreflexivo entusiasmo por el actual presidente del Gobierno. Que nacionalistas y separatistas —ambos persiguen los mismos objetivos— propongan quiméricas soluciones parece lógico, conocidos sus delirios identitarios, pero que los poderes estatales se avengan a semejantes dislates, es lo que preocupa a una parte cada más creciente de ciudadanos. La tendencia general de nuestro tiempo se orienta a integrarse en organizaciones supranacionales, no a la creación de diecisiete «estaditos», que quedarían a merced, como marionetas de guiñol, de las grandes potencias y de las poderosas empresas multinacionales, que nos harían más débiles, que nos harían más pobres.
En definitiva, como no es posible ni legal transcribir el libro completo, por favor, léanlo.— FIDEL VELA.

Difundido el 27/11/2007

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