viernes, 28 de diciembre de 2007

DESCENTRALIZAR


El Centro Nacional de Supercomputacion, que acoge al ordenador Mare Nostrum, el cuarto más potente del mundo, ha sido instalado en Barcelona, acontecimiento que sin duda conlleva un importante prestigio para la ciudad y la creación de numerosos puestos de trabajo.
La Comisión Nacional del Mercado de Telecomunicaciones, institución radicada en Madrid desde su puesta en marcha, ha sido traslada recientemente a Barcelona. A sus ciento cuarenta y siete funcionarios, el Ministerio de Industria les ha propuesto dos alternativas: cambiar de oficio o cambiar de residencia. La segunda alternativa comporta, no sólo los trastornos clásicos de un traslado —colegios, vivienda, alejamiento de familiares y amigos, etc.— sino la obligación de aprender catalán en pocos meses.
Estas dos operaciones —¿existirán otras que desconocemos?— se han llevado a cabo en cumplimiento de la política de descentralización auspiciada por el Gobierno.
El archivo General de la Guerra Civil, ubicado en Salamanca, donde se guardan los documentos de toda España, ha cedido a la Generalitat de Cataluña, en cumplimiento de una ley aprobada en el Congreso, quinientas cajas de legajos a las que seguirán otras mil quinientas, que se depositarán en un edificio de Barcelona.
La famosa OPA de Gas Natural contra Endesa, aprobada por el Gobierno, supone el desmantelamiento de la sede central de Endesa en Madrid y su traslado a Barcelona. De esta decisión se derivan, como mínimo, dos importantes consecuencias: pérdida de un número considerable de puestos de trabajo y merma de impuestos y tasas en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. (Ver carta OPA publicada en Diario de Alcalá el 16 de diciembre de 2005).
Tras ímprobos esfuerzos diplomáticos y económicos por parte del Gobierno central, el idioma catalán ha terminado siendo admitido en las instituciones europeas, en detrimento del español. (Véase carta Idiomas en Europa publicada en Diario de Alcalá el 8 de diciembre de 2005).
Finalmente, el Estatuto supone una descentralización elevada a la enésima potencia: impuestos, competencias, inversiones...
Se diría que descentralizar equivale a centralizar en Barcelona. ¿Acaso no se merecen los hipotéticos beneficios de la descentralización ciudades tan dignas, por citar algunas, como Valencia, Sevilla, Zaragoza o Valladolid?— FIDEL VELA.

Difundido el 4/3/2006

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