viernes, 28 de diciembre de 2007

ARGUCIAS NACIONALISTAS


El Estatuto de Cataluña, como los llamados Plan Ibarreche o Plan Ardanza, presentados a sabiendas de que no prosperarán democráticamente por su desmesura—aunque algo caerá— les sirven a los nacionalistas de coartada para continuar con su eterno gimoteo victimista y sus amenazas —«España nos expolia y nos oprime»—, pese a que el País Vasco y Cataluña estén a la cabeza de las Comunidades Autónomas más ricas, superando con creces la renta media per cápita de la Unión Europea y que gocen del mayor autogobierno jamás conocido en parte alguna. Cosas veredes...
Otro objetivo que se persigue con tales operaciones maximalistas (aparte de que se hable de ellos, si es mal, mejor) consiste en producir el suficiente estruendo y la consiguiente polvareda para desviar la atención de la opinión pública y ocultar las innumerables prácticas anticonstitucionales que vienen desarrollando los nacionalistas en sus territorios. Mientras el resto de los españoles nos enzarzamos en interminables polémicas a causa de estas propuestas rocambolescas, ellos realizan su labor de zapa diaria, sigilosamente, orientada a ensanchar las diferencias y cercenar los vínculos con el resto del país, sometiendo a los ciudadanos a una agresiva y constante presión coercitiva; a una contumaz propaganda desde la radiotelevisión pública e imponiendo leyes discriminatorias que la negligencia o el interés partidista de los gobiernos centrales han consentido. De esta forma están consiguiendo o han conseguido ya, que la ciudadanía piense y se comporte en clave nacionalista y tribal, lo que obliga a otros partidos, en principio no nacionalistas, a seguirles la corriente abdicando de su ideario político a cambio de un plato de lentejas. Una vez el pueblo maduro y claramente diferenciado, la independencia será pan comido.
Así, en la enseñanza pública y privada de Cataluña, se imparte una Historia desfigurada que fomenta la hostilidad hacia España y una Geografía anexionista; se somete a todos los alumnos, desde su más tierna infancia, a un severo adoctrinamiento nacionalista y se les fuerza, sea cual sea su lengua materna, a una brutal inmersión idiomática en el catalán que va desterrando poco a poco el castellano hasta su calculado exterminio, lo que constituye sin duda una verdadera dictadura lingüística. De hecho, el castellano, idioma de millones de catalanes, hace tiempo que ha sido expulsado del ámbito público: de la enseñanza, de los hospitales, del púlpito, del arte, del Parlamento... La Constitución consagra el bilingüismo en los territorios donde se hable otra lengua, pero en Cataluña todos los rótulos y carteles públicos, indicaciones de tráfico, documentos oficiales, nombres de calles... solamente figuran en catalán. A los empresarios privados, una ley les prohíbe mostrar rótulos o publicidad en castellano y usar esta lengua en el trato con sus clientes. Antes de la ley, sus escaparates eran destrozados por bandas de energúmenos. No se puede acceder a infinidad de puestos de trabajo, si no se domina correctamente el catalán, como si el castellano no fuera también una lengua oficial. Un ciudadano de Jaén que se instale en Cataluña, inmediatamente tendrá menos derechos y más obligaciones; en tanto que otro de Barcelona que se traslade a Jaén, no verá modificados sus derechos y obligaciones. A los escritores y artistas catalanes que utilizan el castellano, no sólo tienen negadas cualesquiera ayuda o promoción, sino que se les desprecia, se les acosa, se les tacha de renegados. Díganlo Albert Boadella, Juan Marsé, Félix de Azúa, Luis Goytisolo, Arcadi Espada y tantos otros. La censura gravita sobre los medios de comunicación y una querencia de prohibir se extiende por doquier.
Para qué seguir. Nos alarmamos con razón de la inconstitucionalidad del nuevo Estatuto, sin apercibirnos de que la Constitución se incumple sistemáticamente en Cataluña —aunque también en alguna otra comunidad autónoma—, y de manera superlativa, en materia de enseñanza. Aquí, nunca se ha respetado el 55% mínimo de contenidos comunes que corresponden al Estado. ¿Qué sucederá ahora, cuando entre en vigor la nueva ley de educación, donde el citado porcentaje se convierte en máximo?
Pero lo más grave de todo esto es que cierta izquierda, cándida o maliciosamente, apoya los movimientos nacionalistas e incluso hasta los considera progresistas, cuando son en realidad totalitarios y retrógrados. Izquierda Unida y algunos sectores del PSOE deberían darse cuenta de que los enemigos políticos de su adversario principal, el PP, no tienen por qué ser necesariamente sus amigos. A veces resulta más honroso permanecer en la oposición que mantenerse en el poder ayudados por compañeros de viaje poco recomendables. ¿Para cuándo un gran pacto entre PSOE y PP sobre ciertas cuestiones de capital interés? Ahora es el momento de la unidad y la firmeza democráticas para contener las embestidas del nacionalismo, pero ambos partidos nos están defraudando con sus divisiones y trifulcas, en medio del jolgorio nacionalista. Pensemos, por ejemplo, en Alemania y España: los inteligentes de unen, se entienden; los torpes se agreden, se separan.
Algún día la Historia nos reprochará no haber hecho el esfuerzo necesario para evitar la gran injusticia que se cometía a nuestro lado. Mientras millones de personas eran obligadas a renunciar a su lengua milenaria y veían recortadas sus libertades, nosotros nos hacíamos los distraídos y desviábamos la mirada hacía otra parte, sin querer darnos por enterados del atropello que se perpetraba dentro de nuestro propio país.— FIDEL VELA.

Difundido el 25/1/2006

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