sábado, 29 de diciembre de 2007

NOS ATACAN

Durante la dictadura, cuando se producían manifestaciones en contra del régimen, inmediatamente salían los franquistas a la palestra gritando: «¡Atacan a España!»
Ahora, cuando se critican ciertas decisiones de la Generalitat de Cataluña o de algunos partidos catalanes, les falta tiempo a los nacionalistas para salir vociferando: «¡Atacan a Cataluña!».
Como puede observarse, los nacionalismos de ayer o de hoy, al menos en este punto, reaccionan de igual manera: confunden la parte con el todo. Ayer, el mayor enemigo de España, era el propio Franco y su régimen. Hoy, quienes más daño hacen a Cataluña, son Carod Rovira y sus seguidores.— FIDEL VELA.

(Publicado en 20 minutos el 14.12.2005)

RESOLUCIÓN Y RUPTURA

Dos socios firman un pacto para la gestión y gobierno de una determinada empresa. Pasado el tiempo, uno de ellos, unilateralmente y sin el consentimiento del otro, suscribe un nuevo pacto sobre la misma cosa y para los mismos objetivos con otros socios, pero modificando las cláusulas principales. Desde el punto de vista jurídico y también desde el sentido común, puede afirmarse que el pacto primitivo ha quedado sin efecto.
Este supuesto, ni más ni menos, viene a ser lo que Rodríguez Zapatero materializó respecto del Pacto por las libertades y contra el terrorismo, presentando en el Congreso la Resolución de mayo de 2005, que fue aprobada con el apoyo de todos los grupos nacionalistas presentes en la Cámara, quienes nunca se adhirieron, en sus casi cinco años de vigencia, al pacto citado.
La Resolución significa un rotundo cambio de filosofía con respeto al Pacto. Mientras éste, entre otros argumentos diferenciales, renuncia a la vía dialogada para lograr en fin del terrorismo, fundamentada en las experiencias fallidas de épocas anteriores, la Resolución vuelve a apostar por el diálogo con la banda, rescatando literalmente el punto 9 del Pacto de Ajuria Enea del 12 de enero de 1988. De cuyo dato se infiere que en treinta años de democracia, exceptuando los cuatro y medio del comentado Pacto, el Estado ha venido ofreciendo a ETA previa y permanentemente una solución negociada, con los resultados conocidos. Es evidente que la citada Resolución nada tiene de original, sino que repite una fórmula mil veces fracasada
No se trata aquí de negar al Gobierno la legitimidad de trazar la política antiterrorista que juzgue más oportuna, sino de subrayar que la Resolución es la antítesis del Pacto, un giro de ciento ochenta grados que deja a éste sin efecto alguno. Por tanto, no es honestamente exigible al socio desairado que cumpla las obligaciones contenidas en un contrato rescindido por la otra parte, que constituye la mayor vulneración posible de un documento contractual en términos jurídicos. Sobre este tema, EL PAÍS publicó el 18 de mayo de 2005, a raíz de aprobarse la mencionada Resolución, un magnífico editorial con el acertado título «Resolución y ruptura», que recomiendo vivamente su lectura por sus lúcidos planteamientos.—FIDEL VELA.

Publicado en El País, el 17-1-07

COMPARACIÓN ODIOSA

En El Socialista de mayo de 2007 aparece un artículo firmado por Enrique Barón Crespo, eurodiputado socialista, donde se analizan las diferencias y coincidencias entre el terrorismo irlandés y el terrorismo vasco. Por su gravedad destaca la conclusión final del articulista, verdadero insulto a la inteligencia, cuyo texto trascribo literalmente. «La realidad presente de una coalición entre el Sinn Fein —hasta ahora cabeza visible del IRA—, y los Unionistas del Pastor Paisley —que ha respaldado a las no menos salvajes milicias protestantes del Ulster— es el equivalente a pensar un pacto de gobierno en el País Vasco entre el PP y Batasuna». El subrayado es mío.
Equipar al Partido Popular con los partidos norirlandeses abiertamente implicados en más de 4.000 asesinatos y con la ilegalizada Batasuna, brazo político de la banda ETA, estableciendo una equidistancia aberrante e imposible con víctimas y verdugos, constituye la más abyecta y total depravación de las ideas. En el gobierno o en la oposición, el Partido Popular combatió y combate el terrorismo de ETA observando el más escrupuloso respeto a la legalidad vigente, cosa que no puede decirse de otros; padeció el zarpazo terrorista en sus propias carnes como ningún otro partido, con más de veinte concejales asesinados —¿quién no recuerda el bárbaro asesinato de Miguel Ángel Blanco?—, pero jamás siguió atajos ni se tomó la justicia por su mano. En sus ocho años de gobierno no hubo ni GAL ni Guerrilleros de Cristo Rey ni nada que se les pareciera. Enterró a sus muertos con dignidad y continuó su trabajo dentro del más estricto cumplimiento de las leyes democráticas. Por ello resultan brutalmente injustas las deducciones del señor Barón contra un partido democrático, el más importante de la oposición, respaldado por casi diez millones de votos. A la vista de tales exabruptos, cabría preguntarse quiénes realmente provocan la llamada crispación.
No se trata aquí de salir en defensa del Partido Popular, que también tendrá sus luces y sus sombras en otros aspectos, sino de exigir un mínimo de honestidad intelectual a los políticos.
El articulista, si tuviera el decoro personal que a un eurodiputado se le supone, debería rectificar de inmediato esta comparación odiosa.— FIDEL VELA
Difundido, Junio 2007

DESFRAGMENTAR


Los ordenadores personales disponen de una función llamada desfragmentar, que consiste en unir y reorganizar los elementos dispersos que ralentizan y perturban el buen funcionamiento del resto de los programas. Una operación semejante debería emprenderse en España, tras el paso de Rodríguez Zapatero por el Gobierno central, si realmente queremos que no se produzca la fragmentación del Estado de forma irreversible. Evidentemente, ni el PSOE ni su actual líder, están por la labor, como han demostrado en la presente legislatura. Ahí queda, entre otros disparates, el Estatuto de Cataluña, que ha convertido a esta comunidad en un territorio cuasi confederal y ha consagrado una auténtica dictadura que la Generalitat aplica, con implacable contundencia, sobre la mayoría de los ciudadanos, al menos en materias tan principales como el idioma, la cultura y la educación, abusos xenófobos que los medios de difusión públicos y afines silencian de manera sistemática. Hoy como ayer, se hace preciso sintonizar Radio España Independiente-Estación Pirenaica o la BBC para enterarse de lo que pasa en España. El traspaso desenfrenado de competencias a las comunidades autónomas, que dejan al Estado en los puros huesos, generando graves conflictos y disfunciones en los servicios públicos. El Estado debilitado, fragmentado, va perdiendo progresivamente la posibilidad de cumplir con su función reguladora y no podrá contener las demandas cada vez más exigentes de la clase política de las comunidades autónomas, actores políticos que se están convirtiendo en verdaderos caciques en sus territorios, plantando cara incluso a las direcciones de sus propios partidos, que a su vez se cuartean y fragilizan. Pero esta política de fragmentación que ha impulsado el actual Gobierno, viene de más lejos, por lo que no debería sorprendernos tanto. Los ciudadanos deberían saber que en las Resoluciones del XIII Congreso (octubre de 1974), ignoro si todavía vigentes, se mantienen algunas tan ilustrativas como las siguientes: «Reconocimiento del derecho a la autodeterminación de todas las nacionalidades ibéricas. La definitiva solución del problema de las nacionalidades que integran el Estado español, parte indefectiblemente del pleno reconocimiento del derecho de autodeterminación de las mismas que comporta la facultad de que cada nacionalidad pueda determinar libremente las relaciones que va a mantener con el resto de los pueblos que integran el Estado español. El PSOE se pronuncia por la constitución de una República Federal de las Nacionalidades que integran el Estado español…». Estos párrafos han sido tomados del librito PSOE (Editorial Avance, 1976), firmado por Francisco Bustelo, Gregorio Peces Barba, Ciriaco de Vicente y Virgilio Zapatero. Como puede verse, la querencia disgregadora del PSOE que ahora padecemos, se diría consecuencia de sus viejos postalados redivivos, no tan lejanos en el tiempo, los cuales se intentarían imponer subrepticiamente a través de la reforma de los estatutos. De casta le viene al galgo ser rabilargo. Quienes acusan a este partido de romper España, vistos los antecedente, no andarían tan descaminados. Por todo ello, es de rigor advertir a los ciudadanos que todavía creen en este país llamado España, que si el PSOE se mantiene en el Gobierno tras las próximas elecciones generales, la querencia disgregadora se acentuará hasta límites insospechados, y nadie sabe adónde podrá llevarnos. Sobre el tema que nos ocupa hay un libro imprescindible, que va por la quinta edición, titulado El Estado fragmentado (Editorial Trotta), escrito por los catedráticos Francisco Sosa Wagner e Igor Sosa Mayor, con un magnífico prólogo de Joaquín Leguina que, por su extraordinario interés, desearía comentar. La primera mitad del libro está dedicada a la historia del Imperio Austro-Húngaro que algunos nacionalistas periféricos, influidos por el pensamiento reaccionario de Herrero de Miñón, escogen como modelo para aplicar en la España contemporánea, sin apercibirse de que aquel Imperio nada tiene que ver con nuestro país y que saltó por los aires en medio de guerras y otros desastres. La parte más sustanciosa, sin duda, para el lector, se halla contenida en los llamados Cuadernos segundo y tercero. Aquí se aborda con serenidad y sólidos argumentos, todos los riesgos y contradicciones generados en España al iniciarse la masiva reforma de los Estatutos de Autonomía, auspiciada con irreflexivo entusiasmo por el actual presidente del Gobierno. Que nacionalistas y separatistas —ambos persiguen los mismos objetivos— propongan quiméricas soluciones parece lógico, conocidos sus delirios identitarios, pero que los poderes estatales se avengan a semejantes dislates, es lo que preocupa a una parte cada más creciente de ciudadanos. La tendencia general de nuestro tiempo se orienta a integrarse en organizaciones supranacionales, no a la creación de diecisiete «estaditos», que quedarían a merced, como marionetas de guiñol, de las grandes potencias y de las poderosas empresas multinacionales, que nos harían más débiles, que nos harían más pobres.
En definitiva, como no es posible ni legal transcribir el libro completo, por favor, léanlo.— FIDEL VELA.

Difundido el 27/11/2007

GOLPES BAJOS


El actual presidente del Gobierno tomó posesión de su cargo con la decidida voluntad política de romper en todos los frentes, quizá para demostrar a sus propios correligionarios y a otras gentes más a su izquierda que aquellos apodos que le habían puesto ellos mismos —bambi de peluche y sosoman— carecían de cualquier fundamento. Se metió en demasiados jardines y quiso resolverlo todo, precipitadamente, de una sola vez. Algunas cuestiones de índole social le salieron medianamente bien, pero aquellas referentes a temas importantes como el modelo de estado, los nacionalismos, la lucha contra el terrorismo vasco y el sistema educativo, entregado en su totalidad a las comunidades autónomas, ha fracasado de una manera estrepitosa. Una de las actuaciones políticas más infame, con el objeto de conseguir y mantenerse en el poder, ha consistido en halagar, estimular y en parte adoptar las más bajas pasiones de los nacionalismos, generando expectativas ilimitadas en las mal llamadas comunidades históricas y también en las otras, para entrar a saco sobre la malherida nación española. Un ejemplo paradigmático de ello, lo constituye el nunca bastante maldecido Estatuto de Cataluña, un gran monumento a la usura y la rapiña, que sólo favorece a los políticos y que ejerce sobre la ciudadanía catalana una intolerable violencia institucional, principalmente en lo tocante al idioma, la educación, la cultura y los medios de difusión públicos. El propio Presidente nos aseguró que era necesaria la reforma urgente de los estatutos de las Comunidades Autónomas para que todos nos sintiéramos cómodos dentro de la Constitución. «El Estatuto catalán puede ser para siempre», declaró el Presidente del Gobierno en una entrevista televisiva a finales de enero de 2006. Pues bien. Unos pocos meses después de aprobarse, a los nacionalistas se les ha quedado pequeño el Estatuto «para siempre», no se sienten «cómodos» y amenazan con un referendo para la soberanía e independencia de Cataluña si el Tribunal Constitucional toca una sola coma. Curiosa manera de entender el Estado de derecho de aquellos que, al presentar el texto del Estatuto en el Congreso de los diputados, ante el aluvión de críticas, trataban de tranquilizarnos diciendo que, en todo caso, siempre quedaba la decisión última del Tribunal Constitucional, al que ahora someten a una campaña de desprestigio y le niegan toda legitimidad. Mientras tanto reclaman para sí el aeropuerto del Prat, las cercanías de Renfe, el castillo de Montjuic y han conseguido el trasvase a Lérida desde el río Segre, afluente del Ebro, un caudal semejante al negado a Valencia y Murcia. Y es que la voracidad de los nacionalistas no tiene límites. Cuanto más comen más quieren; no agradecen los beneficios obtenidos ni pagan, como Roma, los servicios prestados. El Presidente se ha engañado a sí mismo y nos ha engañado a todos los españoles. El nacionalismo es una ideología perversa que debe combatirse; jamás estimularlo. Al nacionalismo criminal se le combate con la policía y los jueces, aplicando todos los mecanismos del Estado de derecho, pero esto no quita para refrenar también al que se autodefine moderado, eso sí, esta vez con la dialéctica, la cultura, el ejemplo democrático y la crítica porque, aun sin desearlo, es el sustento de aquél.
Lo grave de estos desvaríos es que no tienen marcha atrás, son irreversibles y producen daños colaterales irreparables en el sistema democrático.
Un rey todopoderoso, por motivos que no vienen al caso, propuso a uno de sus súbditos que le pidiera un deseo y le sería inmediatamente concedido, bajo la condición de que su mayor enemigo recibiría el doble de lo solicitado. El súbdito reflexionó unos momentos y expuso al rey: «Majestad, deseo que me saquen un ojo».
El Presidente del Gobierno ha preferido desprenderse, en favor de los nacionalismos, de la mitad de las competencias que la Constitución atribuye al Estado, con tal de impedir cualquier expectativa de gobierno al partido de la oposición, forzando a éste a aceptar todos los despropósitos si un día se propone ganar las elecciones. Ha preferido dejar tuerto al Estado con tal de cegar a la oposición la alternancia democrática.
Otro daño colateral de difícil solución consiste en haber forzado las costuras de la ley hasta términos insoportables para complacer al nacionalismo, comportamiento que ha llevado a descargar sobre el sistema judicial la solución de conflictos derivados de una actuación política aventurera e irresponsable. El sistema judicial, último reducto del Estado de derecho, puede resultar seriamente dañado, como también han quedado tocadas otras instituciones como la Comisión Nacional del Mercado de Valores y la de la Energía.
En conclusión, se está fragmentando el país por intereses exclusivamente partidistas. Si de verdad se quieren evitar males mayores, el Partido socialista, tradicionalmente poco amigo de nacionalismos excluyentes, debe reaccionar de inmediato colocando a su frente a otras personas (por ejemplo, José Bono) capaces de enmendar el rumbo y de llegar a los consensos básicos —lucha antiterrorista, modelo de Estado, inmigración— con el principal partido de la oposición, quien también necesita remover sus plantillas dirigentes. Los actuales dirigentes, tanto del PP como del PSOE, enquistados en un duro enfrentamiento personal y político, han demostrado su incapacidad para concretar los acuerdos que los ciudadanos demandan.—FIDEL VELA.

Difundido el 30/4/2007

PRECIO POLÍTICO


Yo me maravillo cuando oigo repetir una y otra vez que no se debe pagar un precio político al terrorismo. A buenas horas, mangas verdes. Se viene pagando desde hace treinta años. Ni la propia Constitución de 1978 se libra de ello. A no ser por la existencia del terrorismo ni de coña se hubiera concedido el concierto económico de privilegio al País Vasco; tampoco se habrían redactado la disposición adicional primera ni la transitoria cuarta, que deja a Navarra en la perpetua incertidumbre, a merced de los políticos de turno. «Desde el punto de vista financiero, Euskadi es un país independiente». Esto no lo digo yo sino Ardanza, cuando fue presidente del País Vasco. Y llevaba toda la razón del mundo. La soberanía realmente efectiva es aquella que emana de la independencia económica. El País Vasco recauda en su territorio la totalidad de los impuestos, con la obligación teórica de entregar al Estado una cantidad —el cupo— para resarcirle de los gastos comunes, pero en la práctica esto se cumple raramente por diferencia de criterios. De tal manera que el País Vasco no sólo deja de contribuir al interés general sino que constantemente reclama nuevas transferencias y recursos al Estado, de inmediato concedidos, en la falsa creencia de lograr el fin del terrorismo por la vía de las cesiones. Pero ETA jamás abandonará las armas voluntariamente, según viene diciendo con acierto Joseba Arregui, ni aun cuando alcance sus reivindicaciones, que ya deben ser muy pocas, la verdad, porque el País Vasco goza de un autogobierno cercano al Estado libre disociado gracias a la presión terrorista. Gestiona las competencias de un estado soberano, tiene representación en la Unión Europea y el euskera es lengua oficial en Bruselas... Como no les den la Catedral de Sevilla o el Acueducto de Segovia, no se sabe en qué más se podrá ceder.
A pesar de esta situación privilegiada, el nacionalismo gobernante insiste en sus objetivos finales, coincidentes en buena parte con los sectores más violentos. Tampoco ayudan mucho a la pacificación las enseñanzas que se imparten en las escuelas vascas, donde se muestran colgados de las paredes unos estrafalarios mapas de Euskal Herria que incluyen Navarra y otros territorios usurpados por España al País Vasco; donde se explica una historia rocambolesca que fomenta el odio hacia todo lo español como, por ejemplo, que España declaró la guerra al País Vasco en 1936 para arrebatarle su independencia, situación que, según la versión oficial, se mantiene en la actualidad.
Mientras se inculque a los alumnos, desde la guardería hasta la Universidad, estas perniciosas y fantásticas ideas y los medios públicos vascos de difusión persistan en el adoctrinamiento nacionalista, por más etarras que detenga la policía de nada servirá. Siempre surgirán algunos, dispuestos a liberar su patria sojuzgada utilizando los medios necesarios, incluidas las bombas y las pistolas.—FIDEL VELA.

Difundido el 7/2/2007

viernes, 28 de diciembre de 2007

TENTACIONES


Según la Biblia, Jesucristo fue tentado tres veces por Satanás, pero Jesús no cayó en las trampas del maligno. Ya se había dicho: «Hay que ser sencillo como paloma y astuto como serpiente». El Demonio salió humillado del lance y nunca más repitió el intento.
Los tres últimos presidentes del gobierno han sido tentados por ETA, al objeto de probar y tantear sus debilidades, y los tres han caído en la tentación. Al primero de ellos se le puede disculpar por la novedad de la oferta. Quizá no tan nueva, porque en tiempos de Calvo Sotelo hubo un éxito a medias. Se consiguió la disolución de ETA político-militar por la vía dialogada, pero la mitad de sus miembros pasaron a enrolar las filas de ETA militar, haciéndola más fuerte.
El segundo presidente tentado y tanteado tiene menos disculpas porque ya disponía de varias experiencias fracasadas, que no se dignó considerar ni solicitar el parecer del anterior presidente. Lógico, se llevaban a matar. Acercó presos al País Vasco, moderó su lenguaje contra ETA. Por cierto, que esta iniciativa de acercamiento de presos no partió del presidente, sino que la puso en práctica tras aceptar una moción del Grupo socialista, que juzgaba necesario algún gesto por parte del Gobierno. Cuando ETA comprobó que el diálogo no le era rentable, reanudó su monólogo preferido.
El tercer presidente no tiene perdón de Dios. No sólo disponía de un mayor número de experiencias, sino que se adelantó a la tentación. Antes de que ETA anunciara la consabida tregua-tentación, presentó en el Congreso una Resolución que le autorizaba a dialogar con la banda cuando ésta manifestase una clara voluntad de poner fin a la violencia. Es decir, con esta resolución el Estado abre las puertas al diálogo de forma permanente a la espera de que un día la banda, haga lo que haga entretanto, decida aceptar las condiciones en el momento que más le convenga. Lo que es lo mismo, a los militantes de ETA se les garantiza la seguridad de que, pese a cometer las fechorías más repugnantes hasta un hipotético cese de la violencia, el Estado les espera pacientemente el tiempo que haga falta y negociará con ellos un generoso tratamiento penitenciario. Conclusión: descubrir las cartas antes del envite.
Aparte de su grave error táctico, esta Resolución no tiene nada de original. Es un refrito de estrategias y pactos anteriores (Madrid, Ajuria Enea, Estella, Por las libertades...). En todos ellos se contemplaba el diálogo con ETA, excepto en el último. Quiero esto decir que en treinta años de democracia, durante más de veinticinco se ha venido ofreciendo previa y permanentemente a ETA la vía dialogada para lograr el fin del terrorismo, con los resultados conocidos. Precisamente, el argumento que indujo a PSOE y PP para suscribir el Pacto por las libertades y contra el terrorismo de diciembre de 2000, fue que las experiencias acumuladas a lo largo de tantos años habían demostrado la imposibilidad de alcanzar la paz por la vía negociadora y consideraron imprescindible cerrar el paso a cualquier expectativa de diálogo con la banda terrorista, lo que significaba una ruptura con los planteamientos ineficaces manejados hasta el momento, y se le hacía saber a la banda que, gobernase quien gobernase, PSOE o PP, debía perder toda esperanza de obtener sus objetivos, ya que la política antiterrorista no sería modificada en el tiempo
Quienes piensa que retomar el Pacto por las libertades y contra el terrorismo es volver al pasado, a lo caduco y obsoleto, ignoran que la Resolución de mayo de 2005, es más antigua todavía, porque en muchos aspectos copia literalmente el Pacto de Ajuria Enea de 12 de enero de 1988. Concretamente el punto 9 de Ajuria Enea, que constituye el meollo de la cuestión, es idéntico, con puntos y comas, al párrafo final del punto 2 de la Resolución. Este controvertido pacto del 2000, podría recuperarse prescindiendo del introito, si es que realmente el PNV y EA se hallan fuera de Estella, pero aun así sería muy difícil, por no decir imposible que lo suscribieran estos partidos, a quines solamente les interesa un final dialogado del terrorismo, en cuyo escenario, con mesas paralelas y sincronizadas, podrían obtener ventajas sustanciosas. En cambio, una hipotética derrota de ETA por vía judicial, les dejaría descolocados y con un futuro incierto.
Si el mal llamado Proceso de paz, ha quedado roto y liquidado, según expresión del señor Rubalcaba, resulta absolutamente contradictorio e incoherente, mantener en vigor la famosa Resolución de Mayo de 2005 que lo hacía posible. A no ser que se albergue la idea de tropezar, por enésima vez, en la misma piedra.—FIDEL VELA.

Difundido el 24/1/2007

NAVARRA

Los defensores del llamado Proceso de paz, ante las sospechas de algunos, nos aseguran que el Gobierno, ni aunque quisiera, puede conceder a los nacionalistas vascos el derecho de autodeterminación ni la anexión de Navarra, porque la Constitución lo prohíbe taxativamente. No es del todo cierto. En cuanto a la autodeterminación, con este mismo nombre, sin duda resultaría harto difícil; aunque las leyes, por muy perfectas que sean, suelen mostrar rendijas y fisuras, que aprovechan los delincuentes para burlar la acción de la justicia. Ahora bien, sobre la incorporación de Navarra al País Vasco, la Constitución lo permite si se dan ciertos requisitos. Bastaría con que PSOE, PNV y Herri Batasuna o un partido satélite consiguieran la mayoría en el Parlamento navarro en las próximas elecciones autonómicas y se acogieran a la disposición transitoria cuarta de la Constitución, donde se establece: «En el caso de Navarra, y a efectos de su incorporación al Consejo General Vasco o al régimen autonómico vasco que le sustituya, en lugar de lo que establece el artículo 143 de la Constitución, la iniciativa corresponde al Órgano Foral competente, el cual adoptará su decisión por mayoría de los miembros que lo componen. Para la validez de dicha iniciativa será preciso, además, que la decisión del Órgano Foral competente sea ratificada por referéndum expresamente convocado al efecto, y aprobado por mayoría de los votos válidos emitidos».
Esta operación, por tanto, sería posible dentro del marco constitucional y una supuesta moneda de trueque comprometida por el Gobierno en el mal llamado Proceso de Paz, junto con indultos escalonados a los presos. Ambas contrapartidas, anexión de Navarra e indultos, resultarían legalmente correctas para algunos y políticamente ominosas para otros.
Se comprende así la frenética ansiedad que manifiesta el PSOE por legalizar a Herri Batasuna antes de las elecciones autonómicas. Necesita sus votos para alcanzar el poder en Navarra y cumplir los presuntos compromisos adquiridos. Ya se están calentando motores. Recientemente el ministro del Interior ha declarado: «Los navarros serán lo que ellos quieran». Es decir, que, por ejemplo, con sólo un 25% de síes frente a un 24,9 de votos negativos, en un hipotético referéndum, Navarra desaparecería del mapa.
Por todo ello, los votantes navarros han de estar atentos, porque las próximas no son unas elecciones autonómicas más, sino el ser o no ser, la existencia de Navarra o su extinción definitiva, subsumida en un artificio al que llaman Euskal Herria.—FIDEL VELA.
Difundido el 26/12/2006

CHURRAS Y MERINAS


Las manifestaciones del ministro Rubalcaba donde equipara los contactos de PP y PSOE con Herri Batasuna, colocándolos en un mismo plano, carecen del más mínimo rigor intelectual y ético al ignorar, maliciosamente, las diferentes circunstancias y contextos políticos y judiciales en que ambos contactos se producen..
En la tregua de 1998 no existía el Pacto por las libertades y contra el terrorismo, suscrito en el año 2000 por PP y POSE, que comprometía a los dos partidos al cumplimiento de ciertas normas de conducta, entre ellas una tan principal como la renuncia implícita a la vía dialogada para lograr el fin del terrorismo, a la vista de los diversos intentos fallidos de épocas anteriores (Pacto de Ajuria Enea, Argel, mediación de Pérez Esquivel, Pacto de Estella, Zúrich y otros menos conocidos).
Tampoco existía la Ley de Partidos, promulgada el 4 de junio de 2002 de mutuo acuerdo entre PSOE y PP, que propiciaría la ilegalización de Herri Batasuna. Esta coalición de partidos, por consiguiente, era una formación política plenamente legal cuando se produjeron los contactos de 1999.
Igualmente, Herri Batasuna, en el citado año, no había sido incluida en la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea y Estados Unidos donde, al día de hoy, permanece inscrita.
Como puede apreciarse a través de estos ejemplos, que no son los únicos, las diferencias resultan abismales.—FIDEL VELA

Difundido el 17/12/2006

TROPEZAR EN LA MISMA PIEDRA


Dos socios firman un pacto para la gestión y gobierno de una determinada empresa. Pasado el tiempo, uno de ellos, unilateralmente y sin el consentimiento del otro, suscribe un nuevo pacto sobre la misma cosa y para los mismos objetivos con otros socios, pero modificando las cláusulas principales. Desde el punto de vista jurídico y también desde el sentido común, puede afirmarse que el pacto primitivo ha quedado sin efecto.
Este supuesto, ni más ni menos, viene a ser lo que Rodríguez Zapatero materializó respecto del Pacto por las libertades y contra el terrorismo, presentando en el Congreso la Resolución de mayo de 2005, que fue aprobada con el apoyo de todos los grupos nacionalistas presentes en la Cámara, quienes nunca se adhirieron, en sus casi cinco años de vigencia, al pacto citado. A nadie se le oculta que esta Resolución es una clara concesión, entre otras, al nacionalismo para alcanzar su apoyo parlamentario. Idéntico comportamiento tuvo el Partido Nacionalista Vasco con el Pacto de Ajuria Enea, suscribiendo el llamado Pacto de Estella junto a Herri Batasuna y ETA, lo que motivó la salida de los socialistas del gobierno vasco y la ruptura con el PP. Al parecer los acuerdos, entre políticos, se firman para no ser cumplidos.
A mayor abundamiento, me parece interesante resaltar una opinión vertida en aquel momento. Un periódico madrileño, El País, que suele avalar las decisiones del actual gobierno, publicó un editorial el 18 de mayo de 2005, a raíz de aprobarse la Resolución citada, con el acertado título: «Resolución y ruptura». El texto que sigue, no es menos ilustrativo. Cito algunas frases un tanto comprimidas, pero recomiendo al lector su lectura completa: «La astucia de incluir en el texto párrafos del Pacto de Ajuria Enea, firmado en su día por el PP, no ha sido una buena idea. El argumento del PP es precisamente que la experiencia que culminó en Argel y Zúrich, demostró la imposibilidad de alcanzar la paz por la vía negociadora; de ahí el Pacto Antiterrorista, para cerrar el paso a cualquier expectativa de diálogo con los terroristas. La ruptura de ese pacto sería una desgracia en la misma medida en que su existencia ha sido un éxito; las condiciones que hoy hacen verosímil la hipótesis de la derrota de ETA, son efecto en buena medida del entendimiento entre PP y PSOE». Lástima que estos lúcidos planteamientos se hayan olvidado tan pronto, porque, en efecto, aquel pacto hoy finiquitado, constituyó la medida política más eficaz jamás adoptada. Finaliza el escrito destacando que la dirección política de la lucha antiterrorista, según el Pacto, corresponde al gobierno y que, salvo vulneración flagrante, la oposición debe respaldar.
Esta es la cuestión. ¿Cabe mayor vulneración que la rescisión del contrato? ¿Cómo se puede exigir al socio desairado que cumpla las obligaciones contenidas en un pacto, si este pacto ha sido sustituido por otro diametralmente opuesto?
Tampoco se puede ignorar el discurso estridente del PP sobre el tema. Pero todo se reduce a palabras y palabras, más o menos gruesas y desafortunadas. Los hechos, al final, son los que importan. La ruptura del pacto se verifica con la Resolución de mayo de 2005, en un acto solemne e institucional en el Congreso de los Diputados, aprobada por todos los grupos nacionalistas, filonacionalistas y el PSOE, con la única oposición del PP. ¡Cuándo aprenderán los grandes partidos, que los apoyos prestados por los grupos nacionalistas en cuestiones de territorialidad y terrorismo, van siempre encaminados a debilitar el Estado de derecho!
Ya no vale apelar al Pacto por las libertades y contra el terrorismo, sencillamente, porque ha sido derogado por otro. El gobierno actual repite sin desmayo que cuando el PSOE estaba en la oposición, respaldó las decisiones de José María Aznar en la lucha antiterrorista. Hace algunos días, el ministro del Interior se jactaba de haber permanecido callado durante la tregua de 1998, mientras el Gobierno del PP procedía al acercamiento de presos y definía a ETA como Movimiento de Liberación Nacional Vasco. Muy mal hecho, señor Rubalcaba, por su complicidad deliberada. El deber de la oposición, no es callarse ante los despropósitos del Gobierno —que efectivamente lo eran, y en grado sumo— sino denunciarlos públicamente, máxime cuando medio país intuía que los terroristas nos tomaban el pelo —como en anteriores ocasiones— y que no se estaba constreñido por ningún acuerdo formal ni ley de partidos. Yo mismo publiqué una carta en la prensa local, mucho antes de que Mayor Oreja dijera aquello de «tregua-rampa», titulada Trucos donde ponía de relieve la mala fe del nacionalismo vasco y el engaño a que nos estaban sometiendo tanto ETA como el resto de los firmantes del Pacto de Estella. Nadie puede escudarse en los fracasos de anteriores gobiernos para justificar los errores propios.
Hay dos cuestiones en España, la territorialidad y el terrorismo, que no pueden ser afrontadas unilateralmente por uno sólo de los dos grandes partidos de implantación nacional. La confrontación entre PSOE y PP es el objetivo que siempre han perseguido los nacionalistas y, en particular, la banda ETA, porque de esta forma les será más fácil conseguir sus pretensiones.
Quienes desde un principio, con leyes y resoluciones, han venido destruyéndolos sistemáticamente, ahora ofrecen consensos por doquier, envenenados e imposibles, a sabiendas de que no podrán ser aceptados por el otro interlocutor. Como todos los Mesías e iluminados que en el mundo han sido, algún dirigente político, no ha venido a traer la paz, de momento, sino la división y el enfrentamiento entre demócratas.
Pese a todo, una vez embarcados en una aventura insensata que nunca debió iniciarse, ¡ojalá! tenga un resultado final satisfactorio. Que no se cumpla aquello de «quien mal empieza mal acaba».— FIDEL VELA.
Difundido el 9/11/2006

SOCIALNACIONALISMO


Transcurridos más de dos años sin variar su política, puede afirmarse sin faltar a la verdad que el gobierno de Rodríguez Zapatero tiene un carácter netamente socialnacionalista. Desde el primer momento se observó su querencia nacionalista al pactar con Ezquerra Republicana y prometer a bombo y platillo suculentos Estatutos. Todas las leyes aprobadas en la pasada legislatura, especialmente las más importantes, como el Estatuto de Cataluña, los Presupuestos y la Resolución para entablar un diálogo con ETA, lo han sido gracias al apoyo prestado por la mayoría de los grupos nacionalistas presentes en el Congreso. La citada Resolución viene a sustituir al Pacto por las libertades y contra el terrorismo —la medida política más efectiva— suscrito por socialistas y populares a la que nunca se adhirieron los nacionalistas. Y para que no haya duda, esta circunstancia se da en varias comunidades autónomas donde gobierna el PSOE. En Galicia existe un gobierno de coalición con el Bloque Nacionalista Gallego, grupo que ostenta la vicepresidencia y un buen número de consejeros. Pascual Maragall, merced al pacto con el partido ultranacionalista Ezquerra Republicana, logró ser presidente de la Generalitat. Tras las recientes elecciones catalanas, Montilla reincide en una fórmula fracasada. Algo muy parecido sucede en Asturias y Aragón. Para rematar la faena, desde hace tiempo, el PSE está buscando desesperadamente un abrupto y obsceno maridaje con Herri Batasuna al objeto de conseguir el poder en el País Vasco, y de forma muy especial en Navarra, de cuyo amancebamiento podría derivarse la anexión democrática de esta última Comunidad a esa entelequia llamada Euskal Herria.
Conociendo la deslealtad y el permanente acoso de los nacionalistas al Estado, resulta lógico que muchos ciudadanos recelen de la política territorial seguida por este gobierno, fundamentada básicamente en la complicidad con el nacionalismo periférico que, no lo olvidemos, su objetivo último es la independencia. ¿Cómo es posible tomar decisiones, que en teoría deben beneficiar a todo el país, con la ayuda de quienes precisamente se empeñan en dinamitarlo? Esta es la pregunta que inquieta a los ciudadanos, de donde nace su desconfianza.
Por ejemplo, esta desaforada descentralización a la que asistimos en España, que está dejando al Estado en el puro esqueleto y enfrentando a los territorios, sólo puede ser debida a la presión implacable de los nacionalistas. Porque en nuestro entorno geopolítico suceden las cosas al revés. En Italia, es precisamente la izquierda quien ha frenado la descentralización propuesta por la derecha de Berlusconi y la ultraderechista Liga Norte, aduciendo con razón, que esa medida perjudica a las regiones más pobres y divide al país. Alemania, con un gobierno de coalición, donde está presente la izquierda, se halla en trámite parlamentario para recortar drásticamente las competencias de los estados federales, al haberse demostrado su ineficacia económica, social y política. Lo mismo sucede en Francia, Bélgica o Portugal, donde la Constitución hasta prohíbe los partidos regionales o locales. Los países de todo el mundo intentan establecer asociaciones supranacionales: Mercosur, Unión Europea, etc. Las grandes empresas, que funcionan con racionalidad y eficacia —lo estamos viendo a diario—, tienden a concentrarse.
Sin embargo, en España, esta izquierda desorientada y oportunista, como auténticos camicaces, hace causa común con el nacionalismo más rancio y egoísta para debilitar el Estado y descuartizar el país, más de lo que ya está, hasta convertirlo en una confederación destructiva y cainita. Producto desgraciado del socialnacionalismo imperante.
Contrariamente a lo que nos predica el socialnacionalismo imperante, reducir el Estado de derecho a su mínima expresión, no ha sido nunca una opción del socialismo democrático. Es la derecha capitalista de ahora y de siempre la que intenta convertir al Estado en mero espectador de la actividad económica, adjudicándole en todo caso la condición de árbitro que garantice la seguridad jurídica de las transacciones, sin ninguna otra intervención en el desarrollo normal del mercado. Famosa es la invocación: «Dejar pasar, dejar hacer».
La izquierda, en cambio, necesita un Estado sólido, con poder suficiente para garantizar una justa distribución de la riqueza que el mercado, por su propia naturaleza, es incapaz de llevar a cabo. Se deduce, por tanto, que el progresivo adelgazamiento del Estado, por una u otra vía, que últimamente se está perpetrando, se inspira en ideas del capitalismo eterno.—FIDEL VELA.
Difundido el 22/11/2006

NACIONALISMOS PARALELOS


Los diversos nacionalismo que conocemos, del pasado y del presente, solamente se diferencian en el tamaño, en el poder y en algunas peculiaridades de carácter secundario. No son comparables, por citar un ejemplo, el nacionalismo nazi y el vasco. Aquél acumulaba un poder extraordinario. Alemania era una de las potencias económica y tecnológicamente más avanzadas de su época y con una población muy superior a la del País Vasco. Tenía capacidad suficiente para inferir daño al mundo entero, como así sucedió. El nacionalismo vasco se circunscribe a un territorio pequeño, cuya población no comparte en su totalidad el ideario nacionalista y además éste queda atemperado por la democracia española de la que forma parte. Sin duda ha producido daños, como todos los nacionalismos, pero infinitamente más pequeños que el nazismo.
Sin embargo, quitando tamaño, poder y acaso coyuntura, moderados o violentos, grandes o pequeños, en cuanto a ideología, todos los nacionalismos se parecen como un huevo a otro en lo esencial. Con gran visión de futuro así lo definía el prestigioso Royal Institute of International Affairs de Londres en su libro Nationalism de 1939: «Por la exaltación de la idea de nación y por su emocionalidad particularmente intensa como forma de sentimiento de grupo, el nacionalismo en general, es por definición agresivo, y difícilmente compatible, por ello, con la libertad individual y la democracia liberal».
He aquí unas cuantas característica comunes de los nacionalismos: Sacralización ciega y acrítica de la patria, por la que es lícito matar y honroso morir, sin que importe si la causa es justa o no; la patria siempre tiene razón, ocupa la centralidad de la vida; la patria está representada por los nacionalistas; los no nacionalistas se consideran enemigos de la Patria. Exaltación de sus glorias pasadas, generalmente batallas victoriosas y hasta perdidas. Glorificación de sus héroes, con frecuencia, puros mitos. Creencia indubitable de pertenecer a una raza superior. Identificación de un enemigo origen de todos sus males, al que se debe expulsar o exterminar. Conservación de sus viejas leyes y costumbres, aunque sean perversas, a fin de preservar una identidad eterna e inmutable, y por tanto negación del progreso. Lucha a muerte contra los ideales liberadores de la Revolución francesa y la Ilustración. Exclusión de todo aquel que no acepte la comunión nacionalista, es decir, xenofobia. Mantener la raza en su máxima pureza, expurgándola de todo elemento extraño: racismo (españolistas, judíos, charnegos). Considerar el lugar de nacimiento como el derecho y orgullo supremos del individuo (un alemán malo es mejor que un francés bueno; un terrorista vasco es preferible a un señor de Murcia). Estrecha comunión con la religión imperante (Franco bajo palio y monseñor Setién justificando la violencia y hasta amparándola). Utilización de la lengua como arma de distinción y combate. Avidez de expansión territorial: imperialismo (anexión de Navarra y provincias francesas en el caso vasco; en Cataluña, mapa de los Países catalanes, que incluye Valencia, Aragón y Baleares; los nacionalistas gallegos ya han puesto su mirada codiciosa sobre León y Asturias para arrearles algún mordisco territorial). Propagación de antiguos o nuevos agravios (victimismo), por lo general inexistentes, para justificar sus acciones. Deformación de la historia para hacerla coincidir con sus aspiraciones actuales: pueden remontarse a tiempos prehistóricos y episodios fabulosos (suevos, batalla de Arrigorriaga). Desprecio a las leyes nacionales e internacionales, al pensar que el territorio posee unos derechos históricos preexistentes, superiores a cualquier otra norma. El individuo nada vale por sí, sino como miembro de la tribu. La bandera, el idioma, el himno, la patria son valores religiosos sagrados e intocables. El nacionalismo halaga los más bajos instintos y promociona los sentimientos pasionales en contra del pensamiento y la razón. Repetición machacona de las mismas consignas año tras año, bajo una cosmovisión unidimensional y persistente (mientras los demás cambian al ritmo de la cultura sobrevenida, los nacionalistas siguen inalterables). Voluntad permanente de ser diferentes (Spain is diferent; hecho diferencial catalán), pero no una diferencia cualquiera, sino una diferencia excelsa, única.
Todo esto, sin pretensión exhaustiva, forma parte de las entrañas del nacionalismo. Dependiendo de la resistencia que encuentre, del contexto geopolítico e histórico donde se mueva, así se manifestará, más o menos explícito, más o menos larvado; moderado o violento. Pero la ideología persiste, se contagia y se propaga como la peste. Al observar que el nacionalismo obtiene frutos sustanciosos, otras regiones y partidos que antes no compartían esta ideología, propenden a imitarlo. El nacionalismo se comporta como los gases, si no encuentra resistencia, tiende a ocupar todo el espacio libre. A medida que progresivamente adquiere fuerza y poder, va perdiendo las letras finales hasta quedar reducido a las cuatro primeras: nazi. Para concluir, no me resisto a la tentación de transcribir un párrafo de Frank Kafka: «El nacionalismo es un sustituto de la religión. Cada uno de los que desfilan por las calles está llevando un ídolo consigo. Exteriormente parece pequeño y manejable. La gente lo ha ido modelando durante agradables veladas cerveceras a partir de la materia del miedo y su afán de notoriedad. Y, sin embargo, ese espantajo será nuestra cruz, pues no hay ídolos más voraces que esos gnomos asquerosos hechos de cerveza, saliva y papel de periódico»— FIDEL VELA.

Difundido el 18/6/2006

GENERALITAT


Los ciudadanos catalanes, que son gente emprendedora, laboriosa y honrada, no se merecen los gobiernos de la Generalitat que han padecido y padecen. Si exceptuamos el corto periodo de Tarradellas, los gobiernos de la Generalitat han demostrado ser unos chapuceros, despilfarradores y corruptos. Se les hunden los túneles, los puentes, los edificios; se les escapan los presos; aparecen comisiones ilegales, cobradas durante veinte años, que nunca se han querido investigar y extraños sondeos pagados con fondos públicos escondidos nadie sabe dónde... Pujol, que ha gobernado el territorio como una finca particular, como un señorío feudal, se libró de una condena segura en el caso Banca Catalana, gracias al grito de «¡A mí la legión!» que congregó en la Plaza de San Jaime a más de trescientos mil nacionalistas bajo el lema: «Atacan a Cataluña», confundiendo una vez más la parte con el todo, es decir, lo que se llama escudarse tras el nombre de la Patria para eludir las responsabilidades individuales. La Generalitat mantiene abiertos en veintiocho países centros de enseñanza del catalán, a los que nadie acude, y cerca de cincuenta oficinas de representación en países extranjeros, solapando las embajadas y consulados de España, que vienen a duplicar los gastos del Estado. Los medios públicos de difusión son cuatro veces superiores a los de cualesquiera otra comunidad autónoma, si exceptuamos al País Vasco. La mitad de los presupuestos se dedican a subvenciones para fomentar el nacionalismo en todas sus formas o a extravagantes proyectos clientelares. Valga como anécdota ilustrativa la donación a fondo perdido de 12.000 euros para el estudio de la codorniz japonesa. Mientras esto sucede, la Seguridad Social y otros servicios públicos arrastran déficit multimillonarios. Sólo les gusta llevar a cabo fastuosos proyectos y obras ostentosas que les proporcionen fama y nombradía con que emular las hazañas de los héroes locales. No hace tanto se sacaron de la chistera un fabuloso circo al que llamaron Fòrum de las culturas, que resultó un verdadero desastre económico y de público, más de 700 millones de euros en pérdidas. El alcalde Barcelona y cinco consejeros de la Generalitat, entre otros, han sido condenados por un tribunal de Illinois (Estados Unidos) a pagar 4.300.000 euros a los promotores de un espectáculo, cuyo contrato dejaron de cumplir. La sentencia, que es firme, se ha dictado en rebeldía, ya que ninguno de los imputados acudió a juicio. A causa de ello se les ha multado con 2.482 euros diarios por desacato desde junio de 2005, fecha en que se les requirió y no comparecieron. Esta circunstancia coloca en situación comprometida a los dirigentes del Fòrum, que podrán ser detenidos si viajan a Estados Unidos. Como se ve, la mala fama de la Generalitat trasciende las fronteras. Los partidos políticos que la sustenta no le andan a la zaga: desde el reciente chantaje de Ezquerra Republica a sus funcionarios hasta los trapicheos del PSC en su relación financiera con la CAIXA.
Ahora bien, la Generalitat sabe por experiencia que todos estos despilfarros serán cubiertos por el Estado. Basta con esgrimir el hecho diferencial, los derechos históricos, el victimismo y, si preciso fuere, el espantajo separatista para que el gobierno central de turno se rasque la faltriquera.
El Estatuto en trámite de aprobación (de trayectoria esperpéntica) no está diseñado a procurar el bienestar de los ciudadanos, sino como instrumento necesario para la acumulación de poder político y financiero en la Generalitat, que le permitirá hacer y deshacer a su antojo, gastar a manos llenas en proyectos faraónicos e inútiles, aumentar los ya astronómicos sueldos de los señores feudales y extender las ideas nacionalistas sin beneficio alguno para el hombre de la calle. Al contrario, los ciudadanos observarán muy pronto cómo se les aprietan las tuercas.
Todo este mal rollo, quieras que no, es percibido en el resto de España, percepción que lamentablemente no beneficia a Cataluña en su conjunto, por lo que es fácil deducir que sus mayores enemigos están dentro de la propia Comunidad autónoma: los nacionalistas y la Generalitat.—FIDEL VELA.
Difundido el 5/4/2006

GRAVE ERROR


El más grave error de Rodríguez Zapatero, que recordaremos siempre para mal, consiste en haber emprendido y estimulado en solitario una operación de tanta envergadura y trascendencia como la reforma general de los estatutos autonómicos, desde una posición parlamentaria débil al no disfrutar de mayoría absoluta en el Congreso; circunstancia que le aboca, por necesidad ineludible, a buscar el apoyo, precisamente, en aquellos partidos nacionalistas que redactan y presentan las proyectos estatutarios, convirtiendo a estas formaciones políticas en juez y parte. Si a situación tan precaria y comprometida añadimos la exclusión deliberada del principal partido de la oposición, que representa a casi la mitad del electorado, los resultados serán todo menos buenos. Los anteriores estatutos se aprobaron con el acuerdo de todos los partidos con implantación nacional. El proceso en marcha, sin embargo, está siendo llevando a cabo de forma unilateral por el PSOE, en situación muy frágil, como se ha dicho. El Estatuto catalán ha sido más una consecuencia de los intereses y necesidades políticas del PSOE y PSC que una exigencia de los nacionalistas catalanes, y mucho menos de los ciudadanos, que no mostraban, antes de iniciarse el proceso, interés alguno por la reforma. Aquella frase nefasta: «Pascual, el Estatuto que salga del Parlamento catalán será el que se apruebe en el Congreso de Madrid», no se debió pronunciar nunca. Cierto es que se corrigió más tarde aplicando las famosas tres ces, pero la nieve ya estaba manchada. Invitar a los nacionalistas a presentar reivindicaciones y Estatutos sería como incitar al lobo a que degüelle las ovejas. El lobo lleva en sus genes el instinto de matar; no necesita estímulos. Hacer de Gorbachov y, además, sin causa, no parece la mejor de las apuestas. España no se rompe, todavía, pero se agrieta.— FIDEL VELA.

Difundido el 25/3/2006

¿ESCUELA BILINGÜE?


Es de agradecer la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Cataluña que restablece los derechos conculcados a un niño, cuyos padres habían solicitado sin éxito a la Generalitat la enseñanza en castellano. Igualmente debemos reconocer el coraje y la honestidad de los padres que, en un ambiente hostil, han hecho prevalecer la ley sobre el abuso de las autoridades educativas, obstinadas en borrar del mapa el castellano, la lengua de millones de catalanes. A estas alturas, resulta difícil de entender que, derechos tan básicos como la educación, sea necesario recurrir a los tribunales de justicia para ejercerlos. Se pretexta que se trata de un caso aislado entre un millón. Uno sólo bastaría, pero no es cierto. El Defensor del Pueblo ha recibido más de 1.800 quejas sobre el asunto que nos ocupa, por lo que es de vital importancia animar a los padres todavía remisos para que hagan valer sus derechos sin miedo a las represalias porque la ley les protege. La libertad no se regala, se conquista y cuantas más personas denuncien más fácil será desterrar las injusticias. Sucede como en los malos tratos domésticos, que las mujeres se resisten a interponer la correspondiente denuncia por temor a la venganza del marido. Las asociaciones femeninas declaran que apenas un 10% de las mujeres maltratadas se atreven a denunciar. Los nacionalistas niegan que haya problemas en los colegios a causa del idioma, alegando la inexistencia de protestas masivas, sin querer enterarse de que no se producen por temor al rechazo y la marginación de los niños en los centros, como suele suceder desgraciadamente con harta frecuencia. Basta observar las imágenes del padre cuando era entrevistado por la televisión, intentando dar la espalda a las cámaras como si hubiera cometido un delito. Y por si esto fuera poco, han venido a juntarse el pan con las ganas de comer. En su desastrosa gestión política, el Presidente de la Generalitat, agrega un nuevo despropósito, nombrando Consejera de Educación a una militante independentista de Ezquerra Republicana, que ha endurecido todavía más, si cabe, la opresión idiomática. Como suele decirse, se encomienda a la raposa el cuidado del gallinero. En este contexto, es más necesaria que nunca la movilización ciudadana para desenmascarar las patrañas nacionalistas. —FIDEL VELA

Difundido el 1/5/2006

EMBRIONES


Existe un actor, hasta ayer desconocido, creo que llamado Pep Rubianes o Rufianes, que al parecer se está despachando a gusto en la televisión pública TV3, propiedad de la Generalitat de Cataluña, donde se le da mucha cancha. El individuo en cuestión (cito por lo oído en una radio, no textualmente) entre otras lindezas del mismo jaez escupió la siguiente: «A mí, España me suda la polla. Que se metan la puta España por el culo, que les explote y les cuelguen los cojones del campanario». Todo ello en horario infantil y aplaudido y jaleado por el público asistente al programa. Al día siguiente le tocó el turno al presidente de Extremadura Rodríguez Ibarra: «Rodríguez Ibarra es un tipo impresentable, un desgraciado y un desagradecido, como el perro rabioso que muerde la mano que le da de comer. Si no fuera por Cataluña, los extremeños serían un hatajo de muertos de hambre», así habló en medio del jolgorio general. Lo de España, siendo una zafiedad sin gracia, allá él, me importa menos, pero el desprecio manifestado hacia los extremeños, acusándolos de vivir a costa de Cataluña, aparte de incierto, es una expresión cruel y humillante propia de patronos esclavistas. De todo lo cual y de otras muestras se infiere que la llamada progresía se está deslizando, al confundir izquierda con nacionalismo, que es regresivo, hacia posiciones hondamente reaccionarias.
No estoy al tanto de lo que se dice en la COPE (por lo demás, cadena de radio privada) ya que nunca sintonizo esa emisora, pero dudo mucho que supere la bazofia de este niño progre, que va de rebelde a lo que se ve, rebelde de pega, pienso yo, porque suelta sus deposiciones diarreicas ante un público adicto y previamente convencido que le jalea con entusiasmo y celebra sus ocurrencias escatológicas como si fueran genialidades. Cabe preguntarse, ¿cómo una televisión pública permite reiteradamente actuaciones tan ramplonas? ¿Y cómo el público, que se le supone educado en los valores y el respeto democráticos, aplaude tales salidas de tono? Más allá del personaje, esto es lo verdaderamente preocupante.
Pero hay más, esta vez con otro protagonista, un tal Oriol Malló, que escribe en el diario Avui, participado con un 20% por la Generalitat de Cataluña y editado en lengua catalana. En un artículo publicado el 30 de junio de 2005 con el título Falangistas taxidermistas, arremete contra los miembros de la plataforma Ciudadanos de Cataluña —asociación que defiende la libertad lingüística y política, encabezada por Albert Boadella y otros escritores y artistas—, con estos alarmantes términos: «Boicoteémosles, marquémosles al rojo vivo, hagámosles la vida imposible para que sufran en carne propia aquello que ellos nos dieron cuando realmente mandaban. También queremos exterminarlos». Dirigiéndose a Boadella, le acusa: «No tuviste narices para matar a los militares que te perseguían». Habría que añadir que Boadella utiliza la palabra, no las pistolas.
Albert Boadella fue perseguido y encarcelado por el franquismo, como el propio articulista reconoce, ¿cómo se le puede imputar que entonces «mandaba realmente?». El bueno de Boadella no ha mandado nunca, como tampoco el resto de sus compañeros de plataforma. Al contrario, perseguido en la dictadura por sus feroces críticas al régimen, padeció y padece también el acoso inmisericorde de los nacionalistas catalanes, siendo él catalán de los pies a la cabeza, por ejercer su honestidad artística y personal ante los abusos e injusticias del nacionalismo. No se merece Albert Boadella este trato infame, uno de los más geniales autores de teatro, no sólo de España, sino del mundo entero, a la altura de Harold Pinter o Bertolt Brecht. En este país, no hemos tratado bien a nuestros genios, y seguimos igual a causa de la supervivencia del fanatismo, ayer religioso y hoy nacionalista, que no soporta al otro, al que profesa otras ideas y otros comportamientos.
De las inquietantes palabras del articulista, podemos deducir: Primero, que la idea de boicot a personas y cosas es muy anterior al tan famoso boicot del cava. Segundo, que estamos ante la presencia de un auténtico lenguaje nazi puro y duro. Recordemos que Hitler mandó pintar de amarillo las puertas de los domicilios donde vivían judíos, a fin de que la Gestapo los tuvieran permanentemente identificados para trasladarlos más tarde a los campos de exterminio. («Marquémosles al rojo vivo. Queremos exterminarlos», son las palabras del articulista). La coincidencia es tan precisa que no deja lugar a dudas sobre que el autor, al escribir su artículo, se estaba inspirando en la solución final nazi. ¡Atención! Esto es el huevo de la serpiente, el embrión maligno que, si se desarrolla, puede conducir a situaciones que no deseo nombrar. Decía Unamuno que el odio es la pasión más eficaz para congregar a la gente. ¿Sería demasiado atrevimiento sospechar que alguien delega en esta clase de individuos la realización del trabajo sucio, mientras las cabezas visibles nos doran la píldora?— FIDEL VELA.

Difundido el 8/2/2006

DESCENTRALIZAR


El Centro Nacional de Supercomputacion, que acoge al ordenador Mare Nostrum, el cuarto más potente del mundo, ha sido instalado en Barcelona, acontecimiento que sin duda conlleva un importante prestigio para la ciudad y la creación de numerosos puestos de trabajo.
La Comisión Nacional del Mercado de Telecomunicaciones, institución radicada en Madrid desde su puesta en marcha, ha sido traslada recientemente a Barcelona. A sus ciento cuarenta y siete funcionarios, el Ministerio de Industria les ha propuesto dos alternativas: cambiar de oficio o cambiar de residencia. La segunda alternativa comporta, no sólo los trastornos clásicos de un traslado —colegios, vivienda, alejamiento de familiares y amigos, etc.— sino la obligación de aprender catalán en pocos meses.
Estas dos operaciones —¿existirán otras que desconocemos?— se han llevado a cabo en cumplimiento de la política de descentralización auspiciada por el Gobierno.
El archivo General de la Guerra Civil, ubicado en Salamanca, donde se guardan los documentos de toda España, ha cedido a la Generalitat de Cataluña, en cumplimiento de una ley aprobada en el Congreso, quinientas cajas de legajos a las que seguirán otras mil quinientas, que se depositarán en un edificio de Barcelona.
La famosa OPA de Gas Natural contra Endesa, aprobada por el Gobierno, supone el desmantelamiento de la sede central de Endesa en Madrid y su traslado a Barcelona. De esta decisión se derivan, como mínimo, dos importantes consecuencias: pérdida de un número considerable de puestos de trabajo y merma de impuestos y tasas en el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid. (Ver carta OPA publicada en Diario de Alcalá el 16 de diciembre de 2005).
Tras ímprobos esfuerzos diplomáticos y económicos por parte del Gobierno central, el idioma catalán ha terminado siendo admitido en las instituciones europeas, en detrimento del español. (Véase carta Idiomas en Europa publicada en Diario de Alcalá el 8 de diciembre de 2005).
Finalmente, el Estatuto supone una descentralización elevada a la enésima potencia: impuestos, competencias, inversiones...
Se diría que descentralizar equivale a centralizar en Barcelona. ¿Acaso no se merecen los hipotéticos beneficios de la descentralización ciudades tan dignas, por citar algunas, como Valencia, Sevilla, Zaragoza o Valladolid?— FIDEL VELA.

Difundido el 4/3/2006

FINANCIACIÓN AUTONÓMICA


La financiación de las Comunidades Autónomas se ha decidido bajo los apremios y la presión de la coyuntura política; en ningún caso a partir de estudios y análisis ponderados, serenos debates y amplios consensos.
Cuando Felipe González, en su última legislatura, no alcanzó la mayoría absoluta, cedió el 15% de los impuestos estatales a Cataluña —luego extensivo al resto de autonomías—, para lograr el apoyo parlamentario de CIU.
En 1996, por las mismas causas se derivaron similares efectos, y José María Aznar elevó aquel porcentaje al 30%
Ahora, con Rodríguez Zapatero, se repite la historia, cediendo el 50% sobre el IVA y el IRPF, más el 58% en los impuestos especiales a fin de obtener la cobertura parlamentaria de los nacionalistas.
En resumen, estamos asistiendo a un simple trueque de competencias y dinero por votos o escaños, según se prefiera. Es decir, como en la época de Romanones.
De continuar aplicando el mismo criterio galopante y progresivo —mejor llamarlo trapicheo de urgencias— y observada la escasa probabilidad de mayorías absolutas, tanto por parte del PP como del PSOE, no sería aventurado pronosticar que, en muy pocos años, el Estado habrá cedido el 100% de sus recursos; en cuya situación el gobierno central se verá forzado a mendigar subvenciones económicas a las CCAA siquiera para hacer frente al sueldo de sus ministros, si los hay.
Para nuestra desventura, no damos pie con bola. Mientras en el resto del mundo la excesiva descentralización y las fórmulas federalizantes están en franco retroceso por su demostrada ineficacia social y sus nefastos resultados de convivencia, en este país, gracias a los delirios nacionalistas, caminamos, para no perder la costumbre, con medio siglo de retraso y en dirección contraria, como esos camicaces de la carretera.
Parodiando a Machado y si me permiten la licencia: «¿Todo para las autonomías? Zapatero, llena tu vaso. Ya te lo beberán».— FIDEL VELA.

Difundido el 1/2/2006

ARGUCIAS NACIONALISTAS


El Estatuto de Cataluña, como los llamados Plan Ibarreche o Plan Ardanza, presentados a sabiendas de que no prosperarán democráticamente por su desmesura—aunque algo caerá— les sirven a los nacionalistas de coartada para continuar con su eterno gimoteo victimista y sus amenazas —«España nos expolia y nos oprime»—, pese a que el País Vasco y Cataluña estén a la cabeza de las Comunidades Autónomas más ricas, superando con creces la renta media per cápita de la Unión Europea y que gocen del mayor autogobierno jamás conocido en parte alguna. Cosas veredes...
Otro objetivo que se persigue con tales operaciones maximalistas (aparte de que se hable de ellos, si es mal, mejor) consiste en producir el suficiente estruendo y la consiguiente polvareda para desviar la atención de la opinión pública y ocultar las innumerables prácticas anticonstitucionales que vienen desarrollando los nacionalistas en sus territorios. Mientras el resto de los españoles nos enzarzamos en interminables polémicas a causa de estas propuestas rocambolescas, ellos realizan su labor de zapa diaria, sigilosamente, orientada a ensanchar las diferencias y cercenar los vínculos con el resto del país, sometiendo a los ciudadanos a una agresiva y constante presión coercitiva; a una contumaz propaganda desde la radiotelevisión pública e imponiendo leyes discriminatorias que la negligencia o el interés partidista de los gobiernos centrales han consentido. De esta forma están consiguiendo o han conseguido ya, que la ciudadanía piense y se comporte en clave nacionalista y tribal, lo que obliga a otros partidos, en principio no nacionalistas, a seguirles la corriente abdicando de su ideario político a cambio de un plato de lentejas. Una vez el pueblo maduro y claramente diferenciado, la independencia será pan comido.
Así, en la enseñanza pública y privada de Cataluña, se imparte una Historia desfigurada que fomenta la hostilidad hacia España y una Geografía anexionista; se somete a todos los alumnos, desde su más tierna infancia, a un severo adoctrinamiento nacionalista y se les fuerza, sea cual sea su lengua materna, a una brutal inmersión idiomática en el catalán que va desterrando poco a poco el castellano hasta su calculado exterminio, lo que constituye sin duda una verdadera dictadura lingüística. De hecho, el castellano, idioma de millones de catalanes, hace tiempo que ha sido expulsado del ámbito público: de la enseñanza, de los hospitales, del púlpito, del arte, del Parlamento... La Constitución consagra el bilingüismo en los territorios donde se hable otra lengua, pero en Cataluña todos los rótulos y carteles públicos, indicaciones de tráfico, documentos oficiales, nombres de calles... solamente figuran en catalán. A los empresarios privados, una ley les prohíbe mostrar rótulos o publicidad en castellano y usar esta lengua en el trato con sus clientes. Antes de la ley, sus escaparates eran destrozados por bandas de energúmenos. No se puede acceder a infinidad de puestos de trabajo, si no se domina correctamente el catalán, como si el castellano no fuera también una lengua oficial. Un ciudadano de Jaén que se instale en Cataluña, inmediatamente tendrá menos derechos y más obligaciones; en tanto que otro de Barcelona que se traslade a Jaén, no verá modificados sus derechos y obligaciones. A los escritores y artistas catalanes que utilizan el castellano, no sólo tienen negadas cualesquiera ayuda o promoción, sino que se les desprecia, se les acosa, se les tacha de renegados. Díganlo Albert Boadella, Juan Marsé, Félix de Azúa, Luis Goytisolo, Arcadi Espada y tantos otros. La censura gravita sobre los medios de comunicación y una querencia de prohibir se extiende por doquier.
Para qué seguir. Nos alarmamos con razón de la inconstitucionalidad del nuevo Estatuto, sin apercibirnos de que la Constitución se incumple sistemáticamente en Cataluña —aunque también en alguna otra comunidad autónoma—, y de manera superlativa, en materia de enseñanza. Aquí, nunca se ha respetado el 55% mínimo de contenidos comunes que corresponden al Estado. ¿Qué sucederá ahora, cuando entre en vigor la nueva ley de educación, donde el citado porcentaje se convierte en máximo?
Pero lo más grave de todo esto es que cierta izquierda, cándida o maliciosamente, apoya los movimientos nacionalistas e incluso hasta los considera progresistas, cuando son en realidad totalitarios y retrógrados. Izquierda Unida y algunos sectores del PSOE deberían darse cuenta de que los enemigos políticos de su adversario principal, el PP, no tienen por qué ser necesariamente sus amigos. A veces resulta más honroso permanecer en la oposición que mantenerse en el poder ayudados por compañeros de viaje poco recomendables. ¿Para cuándo un gran pacto entre PSOE y PP sobre ciertas cuestiones de capital interés? Ahora es el momento de la unidad y la firmeza democráticas para contener las embestidas del nacionalismo, pero ambos partidos nos están defraudando con sus divisiones y trifulcas, en medio del jolgorio nacionalista. Pensemos, por ejemplo, en Alemania y España: los inteligentes de unen, se entienden; los torpes se agreden, se separan.
Algún día la Historia nos reprochará no haber hecho el esfuerzo necesario para evitar la gran injusticia que se cometía a nuestro lado. Mientras millones de personas eran obligadas a renunciar a su lengua milenaria y veían recortadas sus libertades, nosotros nos hacíamos los distraídos y desviábamos la mirada hacía otra parte, sin querer darnos por enterados del atropello que se perpetraba dentro de nuestro propio país.— FIDEL VELA.

Difundido el 25/1/2006

PROPOSICIÓN RAZONABLE


Hojeaba el periódico mientras me tomaba el café en la barra, cuando se me acercó un sujeto peguntando: «Usted trabaja en Viajes Total, ¿verdad?». Le había visto algunas veces en el bar, pero nunca intercambié una sola palabra con él. Tras confirmarle su certeza, prosiguió:
—Permítame que me presente yo mismo. Me llamo Pascual Ibarreche y, desde hace tiempo, vengo en el deseo de hacerle una propuesta, una propuesta democrática, por supuesto.
Una breve pausa y continuó:
—Yo contrato todos mis viajes en su compañía y puedo asegurarle que jamás he tenido la más mínima queja. El itinerario de ruta, los hoteles, el transporte, las visitas, los horarios... todo se cumple con arreglo al programa previsto. Es una maravilla. Por supuesto, siempre surgen algunos metepatas que no encuentran nada a su gusto, en particular la comida, que la consideran insuficiente. Hay gentes que salen de viaje con la única intención de llenar la andorga o de cepillarse a cualquier mujer, soltera o casada, que ande suelta por ahí. Los monumentos, la historia, el paisaje, las obras de arte, les traen sin cuidado. En mi último viaje, precisamente a Italia, un individuo malencarado intentó agredir al guía de la expedición porque las comidas, según él, eran malas y escasas. Es que las personas no somos dialogantes. Queremos lograr nuestros objetivos avasallando a los demás, por la intimidación de la fuerza y la violencia más elemental, olvidándonos de esa herramienta tan preciosa que es el diálogo
—Hay gente pa tó —dije en broma parodiando la frase del torero.
—Ni que lo diga. Debemos tomar el viaje como lo que es, una verdadera fiesta, la mejor de todas. Aparte de las cosas que ves... conoces a otras gentes, haces nuevas amistades y se producen anécdotas y chascarrillos a lo largo del recorrido en verdad auténticamente divertidos. Entrando en el Vaticano me acordé del famoso comentario del humorista Gila: «Y empezaron con un pesebre». El grupo se desparramó por la basílica y a la salida cada cual confesaba lo que le había pedido a San Pedro: «Que su hijo aprobara el curso; que su hermana saliera bien de la operación de vesícula»... Una señora me preguntó qué había solicitado yo: «Que no pongan macarrones en las próximas comidas; nos salen por las orejas», le contesté.
El sujeto estalló en sonoras carcajadas.
—No me diga que no es una ocurrencia genial —me emplazó todavía riendo.
Sonreí levemente por mero compromiso a la vez que consultaba mi reloj.
—Por la tarde visitamos las Catacumbas, que es un laberinto de pasillos y galerías subterráneos, muy mal iluminados. Al cabo de un buen rato de caminar y caminar por aquellos lóbregos agujeros horadados bajo tierra, algunos del grupo andábamos bastante inquietos porque habíamos pasado por el mismo sitio en varias ocasiones. «A ver si este tío —por el guía— se ha perdido y no salimos de aquí en toda la vida». Al finalizar la visita, el guía nos reunió a todos antes de salir en una especie de rotonda, se encaramó en una tarima y nos instó a que le hiciéramos las preguntas que considerásemos oportunas para ampliar o aclarar nuestros conocimientos sobre las Catacumbas. Inmediatamente levanté el brazo. «¿Qué quiere saber?». Y yo le respondí: «¡Que cómo y cuándo salimos de aquí!».
El sujeto volvió a reír con renovados ímpetus. Yo consulté de nuevo mi reloj advirtiéndole:
—Excúseme, pero tengo que estar en la oficina a las cinco y se me hace tarde.
—Un segundo nada más —me rogó—, que le voy a contar la última. Estábamos en la sala donde se exhibe el David de Miguel Ángel, una estatua de lo menos cinco metros de altura. Me dirigí a la guía haciéndole la siguiente observación: «Oiga, si así de grande era David, ¡como sería Goliat!». Todos los allí presente celebraron mi ocurrencia, pero la guía cogió un mosqueo de campeonato. Sin embargo, algunas señoras salían comentando vulgaridades: «Grandes músculos, pero exigua colilla». «Mucha dinamita y poca mecha». De esta manera entiende la gente el arte. Una verdadera pena.
—Otro día continuaremos, pero el deber es el deber, le dije iniciando la salida del bar. Él me siguió hasta la puerta.
—Con el relato del viaje, se me ha olvidado lo principal. Yo le quería hacer una proposición razonable.
—¿Profesional?
—No. De carácter personal
—Bueno. En otra ocasión.
Así quedaron las cosas, pasé el fin de semana con la familia y me olvidé del asunto. No sucedió lo mismo con el sujeto de marras, que me esperaba el lunes, a la hora del café, en mi bar habitual. Me saludó efusivamente, como si fuéramos amigos de toda la vida que no nos hubiéramos visto en mucho tiempo. Se interesó por mi familia y por cómo lo había pasado el fin de semana. Me invitó a tomar café en la mesa del fondo. Una vez sentados y con los cafés humeantes sobre la mesa, en un tono menos festivo, me recordó:
—El viernes le anuncié que deseaba hacerle una proposición de carácter personal que, por supuesto, mantengo.
—Usted dirá.
—Ante todo, es mi deseo anticiparle que la actitud que más valoro en una persona es su capacidad de diálogo. La palabra, la comunicación, el debate sereno, la racionalidad en los argumentos, son mis señas de identidad. La violencia verbal conduce siempre a la violencia física. Vivimos afortunadamente en una democracia, lo que nos permite expresarnos libremente sin censuras ni cortapisas. Mire usted, si yo hubiera nacido noble, en mi escudo de armas figuraría de manera destacada la siguiente divisa: «Hablando se entiende la gente». Ya decía Churchill con gran sabiduría: «Es mejor chacharear que guerrear».
Tomó un sorbo de café antes de proseguir:
—En un régimen de libertades como el nuestro no cabe sobresaltarse ante propuestas o iniciativas por muy descabelladas que parezcan, siempre que se expongan con el debido respeto a los demás y sin obstaculizar el diálogo abierto. El diálogo por encima de todo. Luego, cada cual está en su perfecto derecho de aprobar o rechazar sin aspavientos aquello que se hubiere propuesto. En definitiva, hablando se entiende la gente.
—Por favor, vaya al grano, que a las cinco debo estar en la oficina —le apremié, pero él continuó como ignorando mi advertencia:
—En un trato donde una de las partes gana y la otra pierde, se evidencia que no ha existido el diálogo, sino la imposición o el engaño. Para que un acuerdo se considere verdaderamente equitativo es necesario que las dos partes dialogantes obtengan un beneficio. En conclusión, yo me presento a usted en son de paz, con la mano tendida; no está en mi intención hacerle ningún daño. Mi única pretensión se reduce a que debatamos con serenidad mi propuesta democrática; a iniciar una negociación amable entre iguales. Si acepta, se lo aseguro, los dos saldríamos ganando.
Miré de nuevo mi reloj de pulsera.
—Bien, vayamos al grano como usted dice. El otro día le vi en la piscina y, con toda sinceridad, sus carnes desnudas me resultaron especialmente apetitosas...
—¡Pare el carro, amigo! —le corté en seco—. Yo respeto la orientación sexual de cada uno, pero le advierto que se ha equivocado de persona. No soy homosexual. Así que doy por terminada mi conversación con usted, antes de que pasemos a mayores.
Me levanté llamando al camarero para abonarle la consumición.
—No se ponga así, señor mío, que no se trata de eso. Siéntese, por favor —me rogó con la mayor de las sonrisas—. Recuerde mi consigna: «Hablando se entiende la gente». Además, esta ronda corre de mi cuenta.
De súbito pensé que a lo mejor era un pintor y me quería para modelo.
—¿De qué se trata, entonces? —inquirí.
—Puesto que tiene prisa y no es posible un diálogo pausado, le voy a hablar con toda franqueza; eso sí, aunque en principio no pueda agradarle mi propuesta, prométame que lo pensará detenidamente. No quiero agobiarle con una respuesta rápida, pero tenga la seguridad de que si acepta, estoy dispuesto a entregar, a usted o a su familia, una cantidad verdaderamente sustanciosa. Estoy hablando de millones.
Hizo una pequeña pausa y continuó:
—Esta es mi propuesta: me gustaría que me donase su cuerpo para comérmelo.
Quedé unos instantes en suspenso, sin capacidad de reacción, dudando todavía de haber oído bien Solamente cuando el individuo justificó con toda naturalidad su increíble propuesta —«¿Qué le voy a hacer? Me gusta la carne humana como a otros el cordero o la langosta. Es una aspiración tan legítima como las demás»—, tomé conciencia de sus intenciones y conseguí articular:
—Pero, ¿qué dice? Que me quiere comer, ¿a mí?
—Como lo oye; eso sí, siempre que usted sienta el mismo placer al ser comido que yo al devorarlo, mediante una negociación tranquila entre personas civilizadas.
Sus palabras me produjeron una risa histérica.
—Está usted rematadamente loco —acerté a pronunciar.
—Y si no le apetece que me lo coma entero, me conformaría de momento con un brazo, una pierna, incluso sus partes geniales. Todo es cuestión de negociarlo serenamente.
Intuyendo que se me acercaba demasiado, le arreé semejante manotazo en pleno rostro que di con él en el suelo. «¡Váyase a tomar viento!», exclamé. Mientras esperaba de pie las vueltas del camarero, el tiparraco, sin modificar la posición en que había caído y palpándose la sangre que fluía de sus narices, me increpaba:
—Ya veo que no es una persona dialogante ni demócrata, porque prefiere la violencia a la paz y la palabra. Es usted un inmovilista, un autoritario de ideas fijas a quien le asustan la negociación y el diálogo; inseguro de sí mismo y carente de la suficiente valentía para llegar pacíficamente a un acuerdo justo
Salí del bar muy excitado y nervioso. Camino de la oficina, dándole vueltas a lo sucedido, me asaltó una fuerte inquietud. Giré sobre mis pasos y me dirigí a la comisaría más cercana donde denuncié el caso. Allí ya tenían noticias reiteradas del individuo. «Pero si no hay lesiones, nada podemos hacer», me dijeron. Unos días más tarde me hice con un arma defensiva de la que no me separo ni para ir al váter.

Difundido el 2/1/2006

IDIOMAS EN EUROPA


Otro desaguisado más viene a sumarse a la extensa lista de despropósitos en materia lingüística y territorial. Resulta que todos nuestros esfuerzos durante la presente legislatura se han volcado exclusivamente a imponer en las instituciones de la Unión Europea las lenguas vernáculas de Cataluña, Galicia y País Vasco, olvidando por completo la promoción del español, ya bastante amenazado. Ahora la Comisión europea del ramo, se propone reducir el número de traductores del español, aduciendo que solamente treinta millones de personas usan el castellano como lengua materna, por más que el último censo estime que somos cuarenta y cuatro millones. ¿Cómo se llega a esta conclusión en Bruselas? Muy sencillo. Porque se descuenta del censo total de España la población de Cataluña, Galicia y El País vasco, operación que nosotros mismos hemos propiciado. No echemos la culpa, por tanto, a la ignorancia de la comisión, que actúa con toda lógica. La culpa es de nuestro gobierno.
Por defender a capa y espada los caprichos de unos cuantos nacionalistas, el castellano en Europa se relega a una posición muy alejada de los grandes idiomas. Este grave error del gobierno comporta una pérdida de influencia en las instituciones europeas, que perjudicará los intereses de España, incluidas las comunidades autónomas citadas.
«Es un gran logro político con bajo coste económico, tras un proceso duro y laborioso», ha declarado el ministro de Asuntos exteriores. «Un gran logro político» que nos costará a los españoles la friolera de doscientos cincuenta millones anuales de las antiguas pesetas, destinados al pago de traductores. A la par que introduce nuevas dificultades para entenderse en las instituciones europeas, en el momento que se estudia una racionalización de los idiomas para evitar la babel comunitaria. ¿Alguien se imagina el caos lingüístico que se puede originar si el resto de las regiones europeas pretenden imitar el caso español?— FIDEL VELA.

Difundido el 8/12/05

OPA

La empresa pública de electricidad Endesa fue privatizada por el Estado en cumplimiento de las normas del mercado dictadas por la Unión Europea, de la que España es parte, según todos sabemos. Sin embargo, a través de operaciones empresariales encubiertas, Endesa puede volver a ser pública. Me explico. Gas Natural lanza una OPA contra Endesa; Gas Natural está participada mayoritariamente por la Caja de Ahorros LA CAIXA; en el Consejo de Administración de esta entidad financiera tienen representación sustantiva la Generalitat (gobierno) de Cataluña y otras instituciones públicas. Quiere esto decir que, si la OPA sale adelante, Endesa retornará camuflada, por la puerta trasera, al sector público, pero esta vez, al sector público autonómico. Es como si el Estado hubiera vendido la eléctrica, mediante circunloquios varios, a la Generalitat de Cataluña.
Se dirán algunos: «Para este viaje no se necesita equipaje». Y dirán bien. La empresa eléctrica regresa, aparentemente, al punto de donde partió. Sólo aparentemente, porque el control de la empresa, aunque público o semipúblico, se ubicará en nuevas residencias. De otra parte, estas operaciones de carácter hostil, no son frecuentes en la Unión Europea, donde las fusiones se producen de mutuo acuerdo. Pero más infrecuente, hasta insólito, resulta que una compañía tres veces más pequeña pretenda absorber a la grande.¿Quién respalda esta transacción sorprendentemente tan atípica? Por ello, la OPA en cuestión no es meramente una operación mercantil entre empresas privadas como, ingenua o interesadamente, definen algunos comentaristas y políticos. Cualquier persona atenta y honesta sabe que se entrecruzan otros intereses más o menos confesables. Pascual Maragall ha dicho: «Ya es hora de que Endesa vuelva a casa». «El Estatuto y la OPA saldrán adelante. ¡Visca Cataluña!». «La OPA es medio estatuto». Y todo esto sin olvidar la monstruosa concentración de poder en manos de una sola empresa, que resultará gravemente lesiva para los consumidores al desaparecer la competencia.
Del presente episodio, que no es el primero, emerge de nuevo la inacabada polémica sobre el estatuto jurídico de las Cajas de Ahorro, ese fenómeno híbrido y opaco, objeto extraño incrustado en las economías de mercado española y europea, que genera graves perturbaciones de todo tipo. Si se han vendido empresas tan rentables como Telefónica, Argentaria, Repsol, Tabacalera y otras muchas, ¿a qué se espera para privatizar las Cajas de Ahorro? Esta decisión vendría a restablecer la coherencia del sistema económico y evitaría posibles corruptelas entre Cajas y políticos. No es de recibo que se condone el lucro cesante y hasta la deuda completa a ciertos personajes e instituciones, según hemos podido saber. El Estado se ha visto forzado a desprenderse de todas las empresas que poseía, en ocasiones a precio de saldo. Puesto que las Comunidades Autónomas forman parte del Estado, lo deben ser con todas sus consecuencias y no sólo para lo que conviene. Concluyendo, esta OPA, es un nuevo pago para la compra de escaños.— FIDEL VELA.

Difundido el 16/12/05

ESTATUTO DE CATALUÑA


El proyecto de Estatuto de Cataluña, recientemente admitido a trámite, es una gratuita alteración de la convivencia y un ataque frontal a la Constitución. Como militante socialista exijo a mi partido que enmiende a fondo, hasta dejarlo «limpio como la patena», en el Congreso de los Diputados, este aberrante proyecto.
Porque esta propuesta no es más que el producto de elucubraciones calenturientas de ignorantes y enredadores, de caudillos provincianos ávidos de poder y ansiosos de saltar a la fama como héroes locales, llevando a cabo experimentos insensatos y peligrosos a espaldas de los ciudadanos y contra sus inquietudes y sus necesidades reales. En nombre de una diversidad dudosa o inventada en la mayor parte de los casos, estos borrachos de nacionalismo, al borde del delírium tremens, se han confabulado para reventar un sólido proyecto en común de todos los españoles que, de conseguirlo, nos haría más débiles, nos haría más pobres, generando enfrentamientos indeseados y provocando el posible resurgimiento de nefastas ideologías que tanto esfuerzo nos ha costado erradicar.
Desde una perspectiva general, los políticos nacionalistas y sus contagiados son quienes están forzando el conflicto donde nunca lo hubo, creando tensiones en la ciudadanía, exagerando la diversidad entre territorios y elevando esta supuesta diferencia a la categoría de cuestión trascendental para adjudicarle un precio; quienes destruyen puentes y levantan muros.
Los políticos nacionalistas y sus imitadores propalan agravios imaginarios; tergiversan la historia; educan en el rencor; imponen la lengua con mano de hierro; resucitan injusticias históricas basadas en leyendas fantásticas; buscan identidades ficticias bajo las piedras; denuncian falsos expolios y silencian los beneficios obtenidos; incitan al odio y a la cizaña contra un centralismo inexistente que personalizan en Madrid; están empeñados en borrar lo que nos une y ensanchar lo que separa; jamás se conforman con su parte; reclaman sin cesar nuevos privilegios… Su insaciable voracidad no tiene límites.
Sin embargo, todo esto y mucho más, no sería lo peor. Grupos escindidos, pero actuando en nombre del nacionalismo, han dejado un inmenso reguero de sangre por toda España.
Con tales evidencias, parece mentira que a estas alturas haya partidos que, sin el menor rubor, se autoproclamen nacionalistas, conociendo además, por no citar otros, la trágica experiencia Yugoslava y los estragos que ocasionaron a mediados del siglo pasado los nacionalismos varios en Alemania, Italia, España y otros países.— FIDEL VELA.

Difundido el 25/10/05

sábado, 22 de diciembre de 2007

AUTODETERMINACIÓN

Ciertamente, en un documento fechado el 14 de diciembre de 1960, Naciones Unidades instaura el derecho de autodeterminación al objeto de impulsar la emancipación de numerosos países de África y Asia, sometidos o tutelados por las potencias europeas. En el espíritu y en la letra de esta resolución queda meridianamente claro que la aplicación de tal derecho se refiere en exclusiva a situaciones de colonialismo o de ocupación militar, circunstancias por desgracia muy frecuentes en aquella época y que se arrastran todavía como los casos irresueltos de Palestina y el Sahara Occidental. Tanto es así, que previendo el legislador posibles interpretaciones torcidas o interesadas, establece con rotundidad en el mismo documento citado el siguiente párrafo: «Todo intento dirigido a la ruptura total o parcial de la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas». Quienes se cargan de razón e invocan con tanto fervor el derecho de autodeterminación, como Izquierda Unida o los nacionalistas vascos, deberían leerse con mayor detenimiento la resolución de Naciones Unidas que se comenta, donde comprobarán que el derecho internacional no les ampara en absoluto en el contexto político del Estado Español. Es más, sus aspiraciones deben considerarse no sólo un error político, sino como un flagrante delito contra la Carta de Naciones Unidas.
Pero es que además, ni la Unión Europea, de la cual formamos parte, ni las constituciones nacionales de los países que la integran, contemplan el derecho de autodeterminación. Es por ello un dislate mayúsculo, impropio de políticos a quienes se les supone algún discernimiento, afirmar tan alegremente que la Constitución española tiene un «déficit democrático».
Por otra parte, se da la curiosa paradoja de que mientras el PNV e Izquierda Unida reclaman con machacona insistencia el derecho de autodeterminación al Estado español, no hemos oído jamás a nadie de estas formaciones políticas hallarse dispuesto a conceder el citado derecho a las provincias, comarcas o ciudades vascongadas respecto al País Vasco. Más bien al contrario, exigen la anexión de Navarra y otros territorios franceses.—FIDEL VELA.

(Publicado en EL PAÍS el 1-04-06) suprimiendo las dos últimas líneas.

VENGANZA CATALANA

En las posesiones del Mediterráneo (Sicilia, Nápoles...) durante el siglo XV de la Corona de Aragón, de cuyo reino formaba parte Cataluña, era de común conocimiento el dicho vendetta catalana para referirse a venganzas de especial crueldad. A juzgar por la política que sigue el gobierno catalán en la actualidad, se diría que vuelve de nuevo el espíritu de aquel viejo dicho, pero esta vez basado en falsos agravios que se inventaron los nacionalistas, fuera de toda realidad y fundamento.
Impedir a la mayoría de los habitantes de un territorio utilizar el idioma que prefiera o imponerles a la fuerza otra lengua, constituye universalmente un monstruoso atentado contra los derechos humanos más elementales. Prohibir el español e imponer el catalán, esto es lo que viene sucediendo en Cataluña y, actualmente, de forma más coercitiva y brutal. Escudándose en una supuesta normalización del catalán, que ya lleva treinta años funcionando, lo que en realidad se pretende es la desaparición de la otra lengua oficial.
Recientemente hemos conocido un hecho, apenas recogido en los medios, que ilustra con meridiana claridad lo antedicho. Una modesta tienda de frutos secos de Barcelona ha sido multada con 600 euros y apercibimiento de nuevas sanciones, hasta la retirada de la licencia si persiste, por el grave delito de anunciar sus mercancías en español dentro del local. El rótulo exterior ya lo había cambiado. Pero se da la curiosa paradoja de que al lado de la tienda de frutos secos y en distintas partes de la ciudad existen otros establecimientos comerciales rotulados en inglés, alemán, incluso en chino, que no han sido conminados por los celosos inspectores de la Generalitat a retirar sus carteles. Está muy claro. Parece más fuerte la voluntad política de exterminar el español que la propia difusión del catalán.
Si cualquier persona de habla española decide abrir una tienda en Londres, París o Berlín, no encuentra ninguna dificultad para rotular su establecimiento en castellano. Sin embargo, en su propio país —Cataluña teóricamente lo es todavía—, si lo intenta, puede costarle el cierre de su negocio. ¿Qué hacen los partidos políticos, las instituciones, los jueces y fiscales para evitar este atropello? No sólo se incumplen los derechos humanos, sino la propia Constitución. Libertad para hablar el idioma que se desee, toda; imposición, ninguna. España no tiene, afortunadamente, ningún enemigo en el extranjero. Los enemigos, parece ser, están dentro de sus fronteras.
Ni en el franquismo totalitario se cometían estos abusos. Acabo de leer dos libros de investigación histórica, perfectamente documentados, escritos por el profesor Juan Ramón Lodares, que se titulan Lengua y Patria y El paraíso políglota, editados por taurus, donde se desmitifica el victimismo lingüístico, es decir, las mentiras o medias verdades que nos vienen contando los nacionalistas. Resulta que el todopoderoso Serrano Suñer, envió una circular a las parroquias de Cataluña, el 28 de octubre de 1939, en la que se recomendaba el uso del catalán en las iglesias donde el castellano no fuera fácilmente entendible. Recomendaciones similares se remitieron a Juzgados, Registros de la Propiedad y otros estamentos públicos. Sorprendentes curiosidades de las muchas que aparecen en las citadas obras podrían ser: Monseñor Escribá de Balaguer, fundador del Opus Dei, tradujo al catalán en 1955 su libro Camino, que es el principal ideario espiritual de la Congregación. Una biografía de Balmes, filósofo catalán, que escribió toda su obra en castellano, fue traducida nada menos que en 1942. Y se vendían libremente, como infinidad de publicaciones del mismo estilo. En otro orden de cosas, se dice que los barceloneses tributaron un recibimiento entusiasta a las tropas de Franco. Leyendo estos dos libros, que recomiendo vivamente, se deduce que la prioridad del franquismo no era el exterminio de las lenguas españolas, sino el aniquilamiento físico de los rojos —la mayor parte ni sabía catalán—, y la destrucción de la República que, por desgracia, consiguió. El franquismo era profundamente tradicionalista; por eso tenía más afinidad ideológica con los nacionalismos que, por supuesto, con la democracia. Si tan mal lo pasó Cataluña durante la dictadura —donde nada se movía sin la autorización de Franco—no tiene explicación lógica que Barcelona, junto con Vizcaya y Guipúzcoa, encabezaran, tras la muerte del dictador, el ranking de las provincias más prósperas en todos los indicadores económicos.
En el ámbito cultural, sucede otro tanto. Escritores y artistas tan importantes como Albert Boadella, Félix de Azúa, Arcadi Espada, Juan Marsé y otros muchos, están siendo ninguneados, insultados y agredidos por el simple hecho de expresarse en castellano.
La educación resulta igualmente injusta y represora. La lengua vehicular, o sea, la enseñanza de todas las asignaturas, es el catalán de forma exclusiva, desde la guardería hasta la Universidad. La enseñanza del castellano dispone de tres horas a la semana, que mayoritariamente no se cumplen, igual que cualquier otra lengua extranjera. Las nuevas generaciones de estudiantes tienen serias dificultades para expresarse en castellano.
No es por tanto ninguna exageración afirmar que el gobierno de Cataluña ejerce una auténtica dictadura sobre sus ciudadanos, al menos, en materias tan sensibles como la lingüística, la cultural y la educativa. Podría decirse que estamos ante un revanchismo sin causa, porque ni aun en el franquismo, la etapa más negra de la historia de España, hubo una voluntad política de eliminación del catalán, más bien al contrario. Muchos gerifaltes de la época hablaban catalán y, haciéndolo así, sabían que suscitaban simpatías en las gentes a favor del régimen. El español no ha sido impuesto por la fuerza en ninguna parte donde se habla. Ha sido aceptado espontáneamente por las gentes en razón de su utilidad o conveniencia. Ni siquiera fue oficial hasta 1931, y esto porque catalanes, gallegos y vascos hicieron oficiales sus lenguas particulares.
Y todo lo anterior, no puede inducirnos a olvidar el malhadado Estatuto aprobado en 2006, un contrato draconiano, leonino, inspirado en la usura y la avaricia, que destruye puentes y levanta muros, disgregador e intervencionista, presentado con malévola intención, aprovechando la debilidad del gobierno central, que estaba y está a merced de nacionalistas y criptonacionalistas, de un gobierno central que disfraza la necesidad de supervivencia con ideología falsificada.—FIDEL VELA.

Difundido el 10/1/2007